Las estrellas me visitaron la otra noche en un sueño. Vinieron a hablarme de ti. Vinieron a contarme que tienen envidia de tus ojos, porque brillan más que ellos. Que la luna está celosa de tu sonrisa, porque es más hermosa que ella, y que todo el firmamento está molesto contigo, porque me tienes más cerca. Todos están rabiando porque existes y te miro, porque me miras y me tienes, porque me sonríes y me iluminas. Fíjate, antes que era todo de ellos, y ahora, tanto que podría ser tuyo... Normal que estén celosos de ti, es normal... Porque a ti te tengo cerca para probar esos labios que no me llaman, esa piel que no se quiere juntar con la mía, ese torso que no quiere ser abrazado por mí.
No hubo forma, en mi sueño, de convencerles de que no es fundado su temor, de que, aunque es cierto que tienen que tenerte envidida de tu rostro porque es más bonito que todos ellos juntos, no quieres compartirlo conmigo, y de que tus besos y tus miradas no están destinadas a mí. Que no es mi cuerpo el que quieres tener junto al tuyo. Que no es mi alma la que quieres ver completa. Pero nada, seguían apenados.
Desperté, y ni estaban ellos ni estabas tú. Ya era de día, y solo me encontraba. Dormí de nuevo, y os volví a ver, a ellos y a ti. Desperté otra vez, y habíais desaparecido. Y deseé verlos a ellos en sueños, y a ti al despertar en mi cama, abrazada a mí, con tu mejilla cerca de la mía, y tus labios esperando los míos...