martes, 16 de noviembre de 2010

Sueño.

Fin de otra etapa. Nuevamente, otra vez, para variar, de nuevo... como lo queramos llamar, eso es indiferente. El caso es que ha acabado el sueño más bonito que jamás tuve. Soñé que una persona de ojos iluminadores, de labios eternos, estaba a mi lado. Soñé que me quería, que me hacía feliz, que su vida giraba en torno a mí, igual que la mía en torno a ella, que juntos hacíamos grandes cosas... nos hacíamos felices. Nos mirábamos y nos besábamos, compartíamos nuestro tiempo y nuestras alegrías, nuestras penas y nuestros problemas. Soñé que soñaba conmigo, soñé que reía y lloraba conmigo, que sentía algo en el estómago cada vez que sabía de mí. Soñé...

Mi sueño parecía tan real... se podría decir que incluso podía tocarla. Podía abrazarla, besarla, acariciarla y hacerle el amor como si en la realidad lo pudiera hacer. No parecía un sueño. La forma en la que yo la amaba, en la que mi estómago me chillaba que quería que me acercase a ella cada vez que la veía, que mi corazón respondía cada vez que la besaba... Parecían tan reales, que nadie diría que ha sido un sueño...

He despertado ya, y todo aquello que parecía real no existe. No hay persona de ojos iluminadores y labios eternos a mi lado. Se ha esfumado. No está. No sé si ha existido o ha sido un sueño de verdad, pero el caso es que me he quedado solo, tras meses de sueño, y ahora... ¿qué hago? ¿Qué se puede hacer tras despertar de un sueño así? Pues sólo me queda una cosa... buscar un rincón para dormir, a ver si con un poco de suerte el sueño se repite y aparece la misma persona... pero esta vez en un sueño eterno.