miércoles, 30 de diciembre de 2015

A lo lejos entre la oscura tiniebla que rodeaba el páramo abandonado vi movimiento. Una pequeña luz que se movía, lentamente, vagando como yo por aquel mundo tan oscuro y frío. Sin destino definido, aparentemente, como yo, en busca de algo, como yo. Mis botas, que no paraban de andar sobre algo que no se veía, me dirigían como podían hacia la novedad en la oscuridad. Pero cada vez estaba más lejos, a pesar de acercarse. Y cada vez más oscuridad y más frío, los poros de mi piel estaban congelados, mis nervios no sentían nada, y mi alma era puro hielo, como mi corazón. Más pasos, más lejanía cercana, más pasos, más frío, más pasos, más tiniebla... Mis botas no paraban, y si no fuese por ellas no avanzaría...

La luz comenzó, de repente, a hacerse más grande. Había girado hacia mí, como si me mirara y pretendiera guiarme. Me deslumbró desde el primer momento, me pareció hermosa desde el primer segundo, y me hizo avanzar más rápido, desde el principio. La niebla comenzaba a retirarse, lo que me dejaba ver mejor la luz, mejor mis pasos, mejor el suelo y alrededor, más clara la noche se estaba haciendo, y más grande la luz era. Poco a poco fui distinguiendo un poco más, a pesar de estar cegado, qué era exactamente esa luz que me estaba guiando y abriendo paso entre aquel asqueroso mundo eterno, y comencé a ver una figura, andaba hacia mí, se acercaba, se agrandaba, se definía... Distinguí de repente tu cadera y tus piernas, seguido de tus brazos, pero no veía tu cara, la luz me cegaba y me lo impedía... hasta que te tuve delante, no había niebla, no había oscuridad, no había frío, sólo la luz que me había guiado y que no era otra cosa más que tu mirada. Y el páramo helado se quedó atrás cuando vi tu cara, y la oscuridad desapareció cuando vi tu sonrisa. Y todo olvidé cuando probé tus labios.

domingo, 27 de diciembre de 2015

Necesito olvidar esos preciosos ojos oscuros tuyos. Necesito no pensar en ellos. No quiero tenerlos en mi mente y en mis sueños, porque no puedo tenerlos en mis vistas y mis vigilias. No, no quiero recordarlos como los mejores ojos oscuros que mi triste ser ha contemplado, como la mirada que más energía me ha aportado, como la mejor compañía que podría haber tenido. No, no quiero que sigan en mí. No, no quiero. Sólo quiero que abandonen mis pensamientos, que dejen de estar aquí, que desaparezcan de mí. 

No quiero acordarme de ti. No quiero pensar en que podrías haberme hecho feliz, y sin embargo sólo has jugado conmigo. No, no quiero. No quiero que juegues, ni que te enfades ni te pongas celosa, no quiero que estés borde por tonterías, no quiero que cojas mi corazón y lo estrujes hasta asfixiarlo. Eso es lo que estás haciendo. Por la mañana me quieres en tu cama, por la noche en tu mazmorra. ¿Es eso justo? No. Y aunque no lo creas, no miento. No es justo que me uses a tu parecer, cuando vuelves borracha a casa, o pasada de ni quiero saber qué, que seas una persona estupenda, y cuando despiertas eres una malvada bruja rompealmas. Que no quiero, coño. Que ya estoy harto de que juegues conmigo así. Déjame en paz, o hazme tuyo para siempre sin contemplaciones. Pero ni juegos ni medias tintas. Joder, ya está bien de tus tonterías. Lárgate y déjame en paz de una vez. No te quiero en mi vida. O quiero que seas mi vida. Pero nada entre medio, ni cuando tú quieras solamente. Déjame, o hazme tuyo. Pero no juegues, ni me trates así, porque sólo conseguirás que la tristeza no me abandone y el pesambre se quede conmigo. Y de eso ya tengo bastante, gracias.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Anoche soñé contigo. Anoche te volví a tener. Te vi acercarte a mí, ibas andando y moviendo la cadera (esa que no dejaría de tener cerca de mí si pudiera), mientras tu pelo me impedía ver tu cuello, no me dejaba observar lo que me gustaría estar besando toda la noche (con permiso de tus labios que me llaman), mientras cada vez sentía más hundida en mí tu alma. Cada vez mi cuerpo estaba más alerta ante tu llegada, cada vez mis brazos se levantaban más para abrazarte cuando te fundieras conmigo, cada vez mi corazón más se aceleraba y esperaba el mejor momento desde el último sueño, desde tu último abrazo. 

Tus pasos te encaminaron a mí, te guiaron hasta mi presencia. Por fin mis brazos pudieron tocar tu cintura, por fin mis labios pudieron sentir tu energía mientras me besabas, por fin mi corazón y el tuyo iban a la par. Tu mirada, la que me conectaba con un mundo perfecto en el que sólo existíamos tú y yo, me transmitía la energía que me hacía falta para mover montañas, me dejaba ver tu interior, me reflejaba. Que bonito sueño, cuando me querías. Que a gusto estuve durmiendo a tu lado, toda la noche, sin importar nada más, sin que existiese nadie fuera de lo que nuestros brazos tocaban. 

Pero que lástima, que sólo fuese un sueño. Pobre de mí que solo me vi al despertar, en mi cama sin tu presencia. Quién me mandaría a mí a soñar contigo, quién me diría que serías mi sueño. Quién, en su sano juicio, se creería que sólo eres un sueño. Porque despierto, aunque lejos, te veo, te siento acercarte, te noto besándome, te rodeo con mis brazos en tu cintura. Ven, acércate, que aunque los sueños sólo sean eso, sueños, el nuestro realidad puede ser.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Siento la necesidad de escribirte algo bonito. De decirte cosas que me salen del alma, que pienso y quiero. Pero sólo encuentro palabras tristes, sólo marchitadas expresiones de una compañía no conseguida, de unos ojos que no he podido admirar de cerca, que no han querido hablarme sin decirme nada. 

Quería decirte muchas cosas bonitas, para que veas que eres importante, para mi mundo eres casi imprescindible. Quería resaltar tu mirada, esa que el otro día me decía cosas que tu cabeza y tu boca me negaban, esa que me llamaba, esa que investigaba sobre mi alma, tu mirada oscura y perfecta, alrededor de la que surgía tu rostro, tus mejillas arrugadas al reír, tu nariz a la que llegaba mi olor, tu boca que mi boca no pudo alcanzar. Labios de aspecto suaves, labios de, seguro, sabor dulce, por la que salía tu voz, por la que me contabas cosas. Orejas perfectamente colocadas, de fino oído y especial interés para mis besos, junto con tu cuello, junto con tus brazos, tus manos, tus pechos... todo, todo de especial interés para mis besos, caricias y miradas. Quería haber susurrado de ellos en tu espalda, quería haber rodeado tu cuerpo con mis brazos, quería apretar para abrazarte, y que apretaras para abrazarme, quería sentir latir dentro de ti mis palabras. Quería, quería que ese efímero momento fuese eterno, que no te separaras nunca, que tu alma se quedara jugando con la mía durante mucho tiempo, que se durmieran juntas y se despertaran revolicadas. Quería muchas cosas, no quería nada, sólo me bastaba con tu sonrisa y tu compañía, que quisieras acompañarme, que quisieras ser una conmigo. Quería...

lunes, 14 de diciembre de 2015



Dolor sienten mis labios porque los tuyos los esquivan. Mi piel, que apenas ha podido rozar la tuya, está quemándose por tu lejanía. Mis brazos, vacíos por no tener tu torso entre ellos. Ardiendo está mi corazón, porque no sabe de ti.¿Por qué esta distancia? ¿Por qué este vacío? ¿Por qué no una buena compañía? ¿Por qué no la mía? ¿Por qué no dejar que nuestros labios hablen de cerca, por qué no hacer que tu mirada se cruce con la mía, por qué tu piel y mi piel en una no se han de fundir? ¿Por qué no admites que mi presencia te hace un nudo en el estómago (lo he notado), por qué tu cabeza no deja a tu cuerpo reaccionar abrazándome y suspirando por mí, como yo suspiro por ti? ¿Por qué no alcanzar el fin de mundo tras mover montañas juntos? ¿Por qué no luchar, por qué no acercarnos? ¿Por qué me has de hacer esto? ¿Por qué te he encontrado, me has encontrado? ¿Por qué no perdernos, pero juntos, donde haga falta, donde nadie nos encuentre, donde podamos ser el uno con el otro hasta el final? ¿Por qué negar una realidad común que podría ser maravillosa? ¿Por qué me niegas un beso? ¿Por qué no crear una energía que nos mueva? ¿Por qué no soñar juntos? ¿Por qué?

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Ven, acércate. Ven, más cerca. No temas, sólo quiero que tu olor llegue a mí mientras tu oído me presta atención, quiero decirte unas palabras: 

Ahora que estás sintiendo mi alma, ahora que estás cerca, y previo al abrazo que te has ganado y que necesitamos, quiero decirte unas cosas. Muchas, en realidad, podría decir muchas palabras, muchas por cada uno de tus gestos y miradas, muchas por cada una de tus palabras. Pero te resumiré, que los abrazos no admiten espera. 

No importa las noticias que recibamos, no importa lo mal que lo podamos pasar en consecuencia a lo que nos han dicho. Lo que importa es como vivamos hasta ese momento. Lo que importa es que no nos vengamos abajo, que tomemos "eso" como una excusa para amar más intensamente, para abrazar más frecuentemente, para besar más apasionadamente. Concentrar todo lo que podamos vivir en el menor tiempo posible, juntar a todas las personas que pueden ser importantes en nuestra vida y decirles que les quieres a todos, mirar sus sonrisas y sus gestos, y nunca olvidarlos, pase lo que pase, ocurra lo que nos ocurra. Sentir la mejor compañía en los mejores momentos, y la compañía excelsa en los peores segundos. Saber que siempre habrá alguien que te coja la mano cuando estés mal, te levante y te ayude a caminar hasta que no sea posible seguir, ya que será entonces cuando empieces a caminar de verdad. Tener cerca a quien te llene y alejar a quien te quiera vaciar es buen consejo, mirar a quien merezca tu energía y que te mire, besar a quien tenga buen sabor para tu alma y estar junto a quien quiera estar contigo. Hasta el final, venga cuando venga. Hasta que tu cuerpo no pueda más. Hasta el infinito. 

Fácil es decir esto desde la lejanía, pero difícil es poder acercar gestos. Sentir lo que se siente cuando no se siente nada. Luchar, en general, y ganar algo inganable. ¿Inganable? ¿Por qué? Sólo se pierde cuando se rinde, mientras, son experiencias nuevas. Por tanto, no hay que rendirse, hay que respirar y sonreír, ir de la mano de quien sea tu motor, disfrutar de lo que tengas alrededor, y pelear por seguir disfrutando de las compañías. Nunca, nunca jamás rendirse, nunca caer y quedar en el suelo, nunca olvidar y dejar pasar. Siempre un paso adelante, que por muy angosto que sea el sendero, merece la pena ver lo que hay detrás de aquel monte nevado.