Con el modo de resaca patrolera activo, pensaba que dormiría mejor. Pero no ha sido así, he pasado toda la noche nervioso, pensando en por dónde voy a empezar a reparar MI coche, MI compañero de aventuras, MI herramienta de trabajo, MI viajero al fin del mundo, MI parte mecánica. Son tres años los que he pasado sin él, sin ser mi culpa, y muchos dolores de cabeza he pasado por su culpa, muchos lloros, muchas peleas, discusiones y deudas me ha dejado este triste asunto que, por supuesto, ni perdono ni olvido, sólo supero y dejo atrás, demostrando a quien no confiaba en mí que puedo resurgir de las cenizas que me han provocado otros, más fuerte, más grande, más potente y con mejor cara. No han ganado los que presagiaban mi fin, no han ganado los que me querían ver caer. Al contrario, fue mi fin, ahora es mi nuevo comienzo, caí, pero ahora me voy a levantar más rápido y más alto, y nada ni nadie me lo va a impedir. Siento mucho los malos momentos que os he hecho pasar a todos los que os importo, os compensaré en la medida de mis posibilidades. Siento mucho las lágrimas que me habéis visto derramar, os compensaré con sonrisas. Siento mucho que alguien lo haya pasado mal por culpa de este asunto, por mi parte, ha sido una mala época para mí.
Para quien ha seguido a mi lado luchando, muchas gracias. Para quien luchó conmigo pero ya no está a mi lado en mi cama, lo siento, siento lo malo que pasaste por mi culpa, y siento no poder compensarte por ello, como te prometí, pero no lo puedo hacer no porque no pueda, sino porque tú no quieres que lo haga, al alejarte de mí... Cosa que yo siento mucho, y que por mí, remendaría, si quisieras remendar tú...
Señores, señoritas, señoras, amigos todos, MUCHAS GRACIAS por estar ahí, a mi lado, aguantando y luchando conmigo. Os compensaré. Viene mi mejor yo.
A quien me quiere ver caer, quiere verme hundido y lucha por ello, MUCHAS GRACIAS por demostrar que soy mejor persona que vosotros, que no necesito joder la vida de los demás para vivir la mía, porque tengo buena gente alrededor, y que mi lucha por ayudar y hacer la vida más fácil, feliz y cómoda a los demás, conocidos o desconocidos, merece la pena desde el primer momento del día en que abro los ojos hasta cuando los cierro para dormir. A vosotros os voy a compensar igual, porque no pienso en hacer el mal a nadie, ni siquiera a quien me lo hace a mí, estoy por encima de vuestro nivel. Y si os jode, pues a coger un cajón y meter ciertas partes corporales antes de cerrarlo de golpe... Pero llamadme para que lo vea, que es un buen espectáculo. Aunque luego tenga que curaros. Merece la pena.
Ahora viene una época nueva, con cambios como vais a ver, con un nuevo yo, retomando aquello que me dejé a medio por este asunto, superando (que no olvidando, porque quien olvida vuelve a cometer el mismo error) aquello que me provocó este asunto. Quizá a alguno no os guste el cambio que viene, pero es lo que hay, es lo que necesito para ser mejor persona con quien me importa. Recuperar cosas perdidas puede ser una prioridad, pero sólo si merecen la pena. Retomar cosas pendientes, sí, y empezar cosas nuevas, por supuesto. Empezando por mi coche, que será mejor que antes, conmigo al volante, como nunca debió dejar de ser por culpa de otros.
Amigos y enemigos, estoy aquí, soy yo y voy a vencer.
He dicho.
Expresiones de desahogo por doquier barren este lugar lleno de letras tristes y alegres, apenadas y contentas por estar aquí.
jueves, 27 de marzo de 2014
domingo, 23 de febrero de 2014
La
noche caía rápidamente, y no me daba tiempo a ver el refugio desde donde
estaba. Sin luces en la ventana que me guiaran, la pérdida era
inevitable, y horrible. ¿Dónde iría sin ver nada? Maldita guía huída,
¿por qué su luz no me va a iluminar el camino de vuelta a un lugar
seguro? La senda es estrecha, las piedras juegan con mi equilibrio y la
resistencia de mis tobillos, y el frío ya me ha calado hasta la parte más profunda de mi débil cuerpo...
No había forma de avanzar en línea recta, y el abismo me llamaba a cada giro mío, sonando a veces las piedras que mis botas empujaban hacia la perdición, tal como me había hecho a mí antes, no había pared ni cuerda que me sirviesen para saber si iba bien o no, y mis ojos estaban ciegos, sin luz guía y ya noche cerrada, tinieblas invasoras del espacio que ambos ocupábamos en pugna por quedarse el sitio. Y yo iba perdiendo. Sabía que al final del camino había refugio, pero no sabía como llegar hasta él. De día, y con la luz sempiterna a modo de faro de la ventana, ya costaba llegar, y ahora de noche y luz apagada, era prácticamente imposible.
Continuamente mi cuerpo desafiaba las leyes físicas impidiendo mi caída, pero sin que fuese ninguna la definitiva, una y otra vez jugaba con el espacio bajo mis maltrechas botas desgastadas de tanto andar, que resistían más que yo, mis viejas botas compañeras. Un paso tras otro me llevaban por el camino, a pesar de todo, a pesar de la ceguera y las piedras, la niebla y la humedad, no me dejaban abandonar el avance hacia la calidez y la luz que se suponía me esperaban a mi llegada.
¿Por qué mi luz guía me abandonó, dejándome aquí en este infierno oscuro? Cuando el camino era llano y recto, conmigo, y cuando se hizo tortuoso y peligroso, cuando la necesitaba, se fue, desapareció, y no lo pude evitar. ¿Por qué? ¿Y ahora qué hago caminando a solas por aquí, sin saber mi destino, sin saber si lo tengo o mis días acabarán en el fondo del abismo que tengo a mi lado, esperándome, abriéndome los brazos para recibirme, contándome mentiras para que me sienta a gusto en él y me quede en su compañía, eternamente?
Un paso, y otro, y otro, una piedra, y otra, y otra, un desafío al equilibrio, y otro, y otro... Mi camino sigue, a pesar de todo. Mi búsqueda ha de continuar, no ha de parar, porque si paro, muero. Y si sigo sin mi luz guía, probablemente también. Pero no puedo dejar de buscarla, no puedo dejar de dar un paso tras otro, porque es la única forma de llegar a la luz de tu ventana.
No había forma de avanzar en línea recta, y el abismo me llamaba a cada giro mío, sonando a veces las piedras que mis botas empujaban hacia la perdición, tal como me había hecho a mí antes, no había pared ni cuerda que me sirviesen para saber si iba bien o no, y mis ojos estaban ciegos, sin luz guía y ya noche cerrada, tinieblas invasoras del espacio que ambos ocupábamos en pugna por quedarse el sitio. Y yo iba perdiendo. Sabía que al final del camino había refugio, pero no sabía como llegar hasta él. De día, y con la luz sempiterna a modo de faro de la ventana, ya costaba llegar, y ahora de noche y luz apagada, era prácticamente imposible.
Continuamente mi cuerpo desafiaba las leyes físicas impidiendo mi caída, pero sin que fuese ninguna la definitiva, una y otra vez jugaba con el espacio bajo mis maltrechas botas desgastadas de tanto andar, que resistían más que yo, mis viejas botas compañeras. Un paso tras otro me llevaban por el camino, a pesar de todo, a pesar de la ceguera y las piedras, la niebla y la humedad, no me dejaban abandonar el avance hacia la calidez y la luz que se suponía me esperaban a mi llegada.
¿Por qué mi luz guía me abandonó, dejándome aquí en este infierno oscuro? Cuando el camino era llano y recto, conmigo, y cuando se hizo tortuoso y peligroso, cuando la necesitaba, se fue, desapareció, y no lo pude evitar. ¿Por qué? ¿Y ahora qué hago caminando a solas por aquí, sin saber mi destino, sin saber si lo tengo o mis días acabarán en el fondo del abismo que tengo a mi lado, esperándome, abriéndome los brazos para recibirme, contándome mentiras para que me sienta a gusto en él y me quede en su compañía, eternamente?
Un paso, y otro, y otro, una piedra, y otra, y otra, un desafío al equilibrio, y otro, y otro... Mi camino sigue, a pesar de todo. Mi búsqueda ha de continuar, no ha de parar, porque si paro, muero. Y si sigo sin mi luz guía, probablemente también. Pero no puedo dejar de buscarla, no puedo dejar de dar un paso tras otro, porque es la única forma de llegar a la luz de tu ventana.
martes, 11 de febrero de 2014
Mi pena por tu lejanía es inmensa. No puedo aguantar que estés lejos de mí. Así, sin florituras literarias de ningún tipo. ¿Por qué te has alejado de mí, porque has roto mi corazón, por qué has desaparecido, por qué, por qué? Echo de menos tus abrazos, echo de menos tus besos, tus miradas y tus sonrisas... ay, tus sonrisas, es lo que usaba yo para dar luz a mi vida, a esa vida que, aunque pobre, quería compartir contigo. Quería construir mi mundo en torno a ti, quería que fueses su centro de gravedad, estar contigo, verte envejecer toos los días en mi cama, sentirte en todo momento en mis brazos, notar por todo mi cuerpo tu fuerza al besarme, amarte, en definitiva.
Por desgracia y muy a mi pesar me has apartado de ti, injustamente. Por tus malos ratos, esos que no deberían existir y que, de hacerlo, deberían ser compartidos conmigo para que fuesen menos. Siento mucho si te he hecho daño en algún momento de nuestro tiempo juntos, lo siento, lo siento mucho, nunca jamás he tenido intención alguna de hacerte nada malo, al contrario, sólo he pretendido que me considerases una parte importante de tu vida, para bien, por qué no, tu compañero para el resto de nuestras existencias... Yo lo veía así, bonito, juntos, futuro, familia, amor.
El futuro me ha jugado una mala pasada porque se ha aliado con el pasado para dejarme perdido en el presente. Y haciendo malabares temporales me encuentro con que mi pasado no me deja ver mi futuro, y mi presente me oculta más todavía lo que me viene a buscar desde las tinieblas de tu ausencia.
¿Por qué te has ido dejando aquí conmigo tu hueco vacío en mi corazón ahora destrozado? Ya no me queda nada ocupado, tú te habías adueñado de mí completamente, totalmente, finalmente, a pesar de que los comienzos no fueron fáciles, ambos luchamos por tu presencia ya imborrable y desechada con tu decisión, y eso me está matando, noto como tu hueco en mí, vacío como he dicho, implosiona, llevándome con él al lugar del que nadie sale sin congelarse...
Por desgracia y muy a mi pesar me has apartado de ti, injustamente. Por tus malos ratos, esos que no deberían existir y que, de hacerlo, deberían ser compartidos conmigo para que fuesen menos. Siento mucho si te he hecho daño en algún momento de nuestro tiempo juntos, lo siento, lo siento mucho, nunca jamás he tenido intención alguna de hacerte nada malo, al contrario, sólo he pretendido que me considerases una parte importante de tu vida, para bien, por qué no, tu compañero para el resto de nuestras existencias... Yo lo veía así, bonito, juntos, futuro, familia, amor.
El futuro me ha jugado una mala pasada porque se ha aliado con el pasado para dejarme perdido en el presente. Y haciendo malabares temporales me encuentro con que mi pasado no me deja ver mi futuro, y mi presente me oculta más todavía lo que me viene a buscar desde las tinieblas de tu ausencia.
¿Por qué te has ido dejando aquí conmigo tu hueco vacío en mi corazón ahora destrozado? Ya no me queda nada ocupado, tú te habías adueñado de mí completamente, totalmente, finalmente, a pesar de que los comienzos no fueron fáciles, ambos luchamos por tu presencia ya imborrable y desechada con tu decisión, y eso me está matando, noto como tu hueco en mí, vacío como he dicho, implosiona, llevándome con él al lugar del que nadie sale sin congelarse...
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)