La
noche caía rápidamente, y no me daba tiempo a ver el refugio desde donde
estaba. Sin luces en la ventana que me guiaran, la pérdida era
inevitable, y horrible. ¿Dónde iría sin ver nada? Maldita guía huída,
¿por qué su luz no me va a iluminar el camino de vuelta a un lugar
seguro? La senda es estrecha, las piedras juegan con mi equilibrio y la
resistencia de mis tobillos, y el frío ya me ha calado hasta la parte más profunda de mi débil cuerpo...
No había forma de avanzar en línea recta, y el abismo me llamaba a cada
giro mío, sonando a veces las piedras que mis botas empujaban hacia la
perdición, tal como me había hecho a mí antes, no había pared ni cuerda
que me sirviesen para saber si iba bien o no, y mis ojos estaban ciegos,
sin luz guía y ya noche cerrada, tinieblas invasoras del espacio que
ambos ocupábamos en pugna por quedarse el sitio. Y yo iba perdiendo.
Sabía que al final del camino había refugio, pero no sabía como llegar
hasta él. De día, y con la luz sempiterna a modo de faro de la ventana,
ya costaba llegar, y ahora de noche y luz apagada, era prácticamente
imposible.
Continuamente mi cuerpo desafiaba las leyes físicas
impidiendo mi caída, pero sin que fuese ninguna la definitiva, una y
otra vez jugaba con el espacio bajo mis maltrechas botas desgastadas de
tanto andar, que resistían más que yo, mis viejas botas compañeras. Un
paso tras otro me llevaban por el camino, a pesar de todo, a pesar de la
ceguera y las piedras, la niebla y la humedad, no me dejaban abandonar
el avance hacia la calidez y la luz que se suponía me esperaban a mi
llegada.
¿Por qué mi luz guía me abandonó, dejándome aquí en
este infierno oscuro? Cuando el camino era llano y recto, conmigo, y
cuando se hizo tortuoso y peligroso, cuando la necesitaba, se fue,
desapareció, y no lo pude evitar. ¿Por qué? ¿Y ahora qué hago caminando a
solas por aquí, sin saber mi destino, sin saber si lo tengo o mis días
acabarán en el fondo del abismo que tengo a mi lado, esperándome,
abriéndome los brazos para recibirme, contándome mentiras para que me
sienta a gusto en él y me quede en su compañía, eternamente?
Un
paso, y otro, y otro, una piedra, y otra, y otra, un desafío al
equilibrio, y otro, y otro... Mi camino sigue, a pesar de todo. Mi
búsqueda ha de continuar, no ha de parar, porque si paro, muero. Y si
sigo sin mi luz guía, probablemente también. Pero no puedo dejar de
buscarla, no puedo dejar de dar un paso tras otro, porque es la única
forma de llegar a la luz de tu ventana.