lunes, 7 de diciembre de 2009

Estoy harto de que siempre me pase igual. Harto de recibir esperanzas envenenadas que luego no sólo son falsas, sino que se vuelven contra mí. Harto de ilusionarme y a cambio recibir sufrimiento. Harto de no tener éxito, de que las cosas contigo no me salgan como quiero, harto de que me dejes en la estacada. Me gustas, me gustaría estar junto a ti, luchar por ti, contigo, que me abrazaras y me besaras, que me sonrieras y me acariciaras, pero lo único que recibo es una falsa cita, un plantón contínuo, una oportunidad perdida, un lo siento mentiroso y un cariño evaporado.

¿Por qué me haces esto a mí? ¿Por qué siempre soy yo el que sufre? ¿Por qué no tengo suerte y te encuentro, y me encuentras, y juntos somos felices y movemos el mundo, iluminamos los rincones más oscuros del universo y nos queremos? ¿Qué es lo que he hecho yo para ser recompensado con mentiras, sufrimiento y tristeza por ti, que no mereces la pena? ¿Qué es lo que debo hacer para cambiar eso? ¿Qué tengo que hacer para encontrarte a ti, que mereces la pena, y huir de ti, que no la mereces? ¿Qué tengo que hacer para ser feliz de una puta vez? Creo que ya me lo merezco... hace muchos años que no lo soy, ni junto a ti ni junto a nadie. Todo engaños y mentiras, tequieros envenenados y caricias interesadas. Ya está bien, coño, ya está bien, dejad ya de utilizarme y de mentirme, de engatusarme y de desilusionarme.

Quiero sentir un nudo en el estómago cada vez que te vea, cada vez que me beses. Quiero estar todo el día pensando en ti, dormirme contigo en mi mente, soñar contigo y despertarme viéndote en mi cerebro. Quiero que tú sientas lo mismo, y que cuando nos juntemos nada nos importe, el tiempo no pase y la vida no exista, excepto las nuestras. Pero nunca me ocurre... de verdad. No sólo no vienes, sino que huyes y a cambio me mandas a quien no me merece... porque creo que yo valgo para algo más que para que me hagas sufrir, creo que puedo ser un buen amante, una buena pareja, o quizá ese sea el problema, que soy demasiado bueno, y eso no es bueno. Sólo me utilizas y me haces sufrir, y yo eso no lo quiero. Así que huye de mí, aléjate, que espantas a quien sí merece estar a mi lado, igual que yo al suyo, y hacerla feliz. Fuera. Estoy harto. Ya está bien. HARTO.

domingo, 6 de diciembre de 2009

A ver si vienes pronto, cariño, a ver si me dices algo, tengo ganas de escuchar tu voz, tengo ganas de que me mires a los ojos, fijamente, tengo ganas de verme reflejado en ellos, tengo ganas de que en ese momento tu sonrisa me ilumine el universo oscuro en el que me tiene inmerso tu ausencia, de que me dé energía para salir de las tinieblas, de tener fuerzas para rodear tu cuello con mis manos y comenzar a notar tus labios sobre los míos, tu respiración sobre mi mejilla, tu nariz luchando con la mía por un puesto en la atemporalidad que produce que estés a mi lado. Tengo ganas de que me quieras, me mires y te sonrojes, me acaricies y tu piel se excite, me sonrías y nada me importe, me beses y nada exista, excepto tú. Tengo ganas de que esperes ansiosa mi llegada a ti, tengo ganas de que me recibas con un abrazo, con un beso, con un "te quiero", y que no haya despedida. Tengo ganas de ser parte de ti, de que seas parte de mí, de que sólo nosotros existamos en el mundo que creemos...

lunes, 16 de noviembre de 2009

No existes. Eres una simple ilusión, un espejismo, una proyección de mi estúpida y maltrecha mente. No existes. No existes.

Mucho tiempo hace que mi alma vaga en soledad, mucho hace que una sonrisa no la ilumina, y las que parecía que lo iban a hacer se han quedado en destellos para cegarme y volver a perder el rumbo, abandonándome cuando más guía necesito. Mucho tiempo llevo anhelando tu compañía, muchísimo, mi única esperanza, lo único que hace latir mi corazón es encontrarte, es que me des energía, ya que a mí no me queda, estoy en las últimas.

Mi alma, entre las tinieblas, no sabe donde ir. Allá donde hay un punto de luz, acude, a ver si estás detrás. Allá donde ve una mirada, se acerca, a ver si es la tuya esperándome. Allá donde cree que te escondes, busca, a ver si te encuentra. Otras almas ha visto, otras ha encontrado, pero no han sido más que falsas tus y alarmas vanas y peligrosas, que no han dudado en usar mi alma para sus únicos y macabros intereses, usar y tirar, como un simple pañuelo de papel.

Destrozado está mi corazón, helado y perdido también, porque lo han machacado repetidamente, sin que nadie, entre mazazo y mazazo, se haya molestado en recomponerlo. Fácil es hacerlo, no obstante, y quizá ese sea el problema, que empieza a calentarse demasiado pronto, y más pequeños son los trozos cuando lo rompen nuevamente... una y otra vez, una tras otra, seguidos, todos los golpes van a la parte más delicada, la única que une el corazón y la lógica, perdiendo toda conexión y fallando en la comunicación... ¿A quién hago caso? ¿A lo racional o a lo irracional? ¿A la mente o al corazón? ¿A quien me dice que no, que no me ilusione a las primeras de cambio, que ya aparecerás, si tienes que aparecer, o si no, calma, que hay tiempo... o a quien me dice que adelante, que eres tú la que espero, que me enamore, que suspire, que luche por ti?

¿Realmente existes? ¿Realmente debo seguir teniendo esperanza, debo seguir buscándote? ¿O por el contrario he de resignarme a la soledad eterna de mi alma, a las tinieblas perpetuas, al helado hueco en el que va el corazón hecho añicos? ¿Qué supondrá eso para mí si añadimos el factor tiempo, sobre todo el pasado? ¿Qué me hará el futuro? ¿Merece la pena cualquier sufrimiento, cualquier pensamiento sobre tu existencia? ¿Eso me matará o me hará más fuerte? No, más fuerte no, al contrario, me debilita día a día, me hace cometer errores y, además, me destroza el alma y el cuerpo. No existes.
Pobre cuerpo sin vida, pobres venas sin sangre, pobre alma sin destino, luz que crees ver, destello inexistente resulta. Ay, iluso de ti, que piensas que alguna persona te quiere iluminar el camino, que crees que alguien lo hará, que sueñas con ver la luz que produce su sonrisa, que crees notar su presencia... que esperas que aparezca, y que ilusionas con una simple palabra vacía, sin significado, sin verdad. ¿Qué esperabas, qué creías que pasaría? Triste vida la tuya, triste alma errante la que tu interior posee, frío y roto corazón el que aloja, no viene nadie a calentarlo y recomponerlo, ilusiones vanas las que tienes, falso amor el que recibes, el que crees recibir, mala hora aquella en la que crees entender posibilidad de amor, no sé para que te metes en el mundo de los vivos, con lo tranquilo que estás en las tinieblas del purgatorio, esperando el momento de la ida al infierno en soledad...

Triste vida del que triste espera.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Me imagino una vida que no tengo.

Me imagino una vida que no tengo. Acostado en mi cama, sin hacer nada, sin esperar nada, recibo en mi mente unos recuerdos y unas imágenes que no son más que producto de mi triste imaginación, que no existen, que son humo, o que son lo me gustaría ver. Mi única compañía real, mi respiración. Mi única compañía deseada, la tuya. Te veo tumbada junto a mí, dándome la espalda, con tu largo pelo oscuro ante mis ojos, con tu torso tocando el mío, mi brazo rodeando tu pecho, tu brazo junto a él, cogiéndome de la mano, acariciándome suavemente, mis labios rozando tu cuello, tus pies y los míos compartiendo el mismo espacio debajo de las sábanas. Respiraciones sincronizadas, tacto único para los dos, vida común, deseo del uno por el otro, tiempo que no corre y tampoco importa. Sólo importan nuestros sentidos, que nos permiten comprobar que estamos juntos, abrazados, y nada más. Debajo de las sábanas los dos, dentro de nuestra vida ambos, dejando correr el tiempo, esperando que no corra, intentando que este momento no acabe...

Tú dándote la vuelta porque no puedes reprimir las ganas de darme un beso. Ahora tu rostro junto a mí, tus ojos a la altura de los míos, tus labios besando los míos, tus brazos rodeando mi cuello, tu pecho acariciando el mío, tu cadera provocando a la mía, tus pies jugando con los míos. Mis brazos rodeándote y acariciándote la espalda quieren estar, tu largo pelo oscuro con envidia porque no lo tocan mis manos. Así eternamente... sueño inmortal, deseo irrealizable, vida que no existe...

jueves, 18 de junio de 2009

Nuevamente la historia ha tenido igual desenlace. Tal como estaba previsto, tal como pensé que pasaría, ha ocurrido. Fui tirado a la cuneta para sacarme de la carrera, optando por acompañarse de otro corredor... que la ha tirado a la cuneta. Jodido me he quedado para nada, riesgo inútil el corrido, mal desenlace para el ilusionado, peor para la ilusionada, porque se ha quedado sin corredores, arriesgó demasiado y perdió...

¿Y ahora qué he de hacer? ¿Vuelvo a la carrera e intento alcanzarla o me quedo sentado viendo pasar a todo el mundo hasta que llegue el coche escoba y me lleve con los perdedores? ¿Merece la pena reincorporarme? ¿Sufriré nuevamente o por fin me irá bien?

miércoles, 27 de mayo de 2009

Nuevamente mi corazón ha sido agarrado y exprimido, asfixiado y dolorido se encuentra ahora mismo. Nuevamente una ilusión rota (y ya van...) se ha vuelto, tras unas semanas de esperanza, otra vez, otra puta vez, me he caído a la cuneta y no me puedo incorporar a la carrera en compañía. Nuevamente he sido empujado por otro corredor, como siempre, abandonando toda vida en común. Otra vez tocado y hundido, otra vez he perdido la comparativa, la elección, nuevamente mi alma vaga en soledad a oscuras, y otra vez corre el riesgo de quedarse así eternamente. Mi corazón, deshelándose que estaba, se ha rajado y a punto está de romperse, si es que eso es posible dada la facilidad con la que lo hieren, a lo que ya está acostumbrado. 

¿Por qué? ¿Por qué otra vez me pasa esto? ¿Qué es lo que he hecho para sufrir esta penitencia que parece eterna, qué es lo que he debido de hacer para merecerme que me desilusionen tras ilusionarme y sentirme a gusto, qué es lo que me depara el puto destino este de mierda que sólo consigue hacerme sufrir, encontrarme con la gente equivocada? ¿Dónde está la adecuada? ¿Existe, al menos? No sé si tener algo de esperanza de encontrar la felicidad junto a alguien o acostumbrarme a ser usado como un puto pañuelo desechable, manteniéndome ilusionado mientras soy útil, tirándome a la puta basura cuando aparece otro pañuelo. Y yo, mientras, en la papelera, lleno de mocos y recuerdos, de esperanzas rotas y de ilusiones perdidas... ¿Por qué siempre salgo perdiendo yo? ¿Qué es lo que hago mal? ¿Por qué me merezco esto? No lo entiendo, sólo quiero ser feliz junto a una persona que me quiera de verdad, que no me use, que aparte de llamarme amigo me quiera en su vida, en su cama, en sus momentos malos y en los buenos... y por ahora sólo encuentro problemas y falsedades, huídas cobardes y tequieros temporales. Y no puedo más, estoy harto, no puedo soportar esto más tiempo, así no, necesito algo de felicidad en mi alma y mi corazón, necesito sentir que siguen vivos, y no errantes y perdidos como están ahora. 

Así no puedo seguir.

domingo, 24 de mayo de 2009

Mi piel se estremecía cada vez que una gota de lluvia caía sobre ella, excitando mis terminaciones nerviosas, agitando mi vello, provocándome frío, emulándome la sensación de tus dedos acariciándome, mojados, lentos, recogiendo las sensaciones que mi piel provoca en ti cuando me tocas. No quise taparme para evitar notarte, mientras te esperaba bajo la lluvia de una tarde de verano. El banco en el que estaba sentado comenzaba a brillar, por la luz reflejada por las gotas de agua, y mi ropa comenzaba a estar empapada, provocándome un frío intenso a pesar del calor reinante hasta el comienzo de la lluvia de verano...

La tormenta fue a más, y truenos y rayos invadieron el paisaje montañoso que desde aquel banco mis retinas captaban, añadiendo las vistas a los recuerdos que mi cabeza tenía, junto a los tuyos, junto a todo lo que te recordaba... incluso el día en que nos encontramos en aquel banco. 

Me fue imposible aguantar más tiempo allí, la tormenta se empeñó en levantarme de nuestro banco, o bien provocarme una pulmonía. Pero no fui lejos, me refugié en aquella cafetería que tantos espectadores había traído a nuestras tardes en aquel banco, nuestro banco, donde fuimos poco a poco enamorándonos, donde fuimos descubriéndonos, donde nuestros labios se lo decían todo con sólo rozarse...

Poco a poco la luz de la tarde fue abandonándome, tal como hiciste tú en aquel terrible momento que nunca he sido capaz de olvidar. La oscuridad y el frío se adueñaron de aquel montañoso paisaje, tal como habían hecho antes con mi alma y mi mundo, cuando te fuiste. Las cimas de las montañas fueron las últimas en perder la luz, como mi esperanza por encontrarte de nuevo. Una luz dorada, acompañada a ratos con un arco iris, a ratos de nubes lluviosas, mientras la tormenta se alejaba para siempre, tal como había hecho tu corazón tiempo atrás. 

Comencé a caminar lentamente, hacia la luz de las cumbres doradas, sin pensar en nada que no fuese evitar que la esperanza de encontrarte de nuevo desapareciera como haría la tarde, a favor de la triste, fría, solitaria y eterna noche, de verano, de mi alma. Mis botas iban sintiendo el frío y húmedo suelo, la fría y tranquila agua que se había acumulado en algunos lugares de aquel paisaje, mientras me permitían andar en busca de mi oscuro destino sin ti. Un paso tras otro fui alejándome de nuestro banco, intentando evitar que el recuerdo tuyo sobre él, besándome, acariciándome, se clavara en mi mente y me provocara dolor, como si fueses una droga, como lo que fuiste, tú, mi corazón, la razón de mis latidos, la luz de mi mundo, el motivo por el que cada tarde acudía allí... como sigo haciendo, a pesar de saber que ya nunca te volveré a ver allí sentada, esperándome para abrazarme. 

Ignoro el tiempo que mis botas se movieron repetitivamente, al igual que ignoro el camino que me hicieron tomar, pero soy consciente de a donde me llevaron... a una dorada cumbre, ahora oscura y sin nubes. Supongo que caminé durante horas, sorteando peligros oscuros, serpenteando por los senderos que a aquel lugar conducían desde el valle, hasta que llegué a lo más alto. Allí me vi, allí desperté de tu sueño, allí pude ver todo lo que a mis pies se encontraba, que no eras tú, sino vida, luces de ciudades y casas cercanas, árboles llenos de vida, caminos y sendas, comunicadores eternos de la vida de aquel paisaje montañoso. Por fin, me di cuenta de que mi droga no era tu amor. Pensé qué podía ser aquello, entonces, y justo cuando creí hallar la respuesta a tal estúpida pregunta, miré hacia el este, y allí te vi, abandonando por fin mi mundo oscuro, que ya no era tal, puesto que el amanecer entre las cimas y los collados lo había iluminado. Desapareciste, al fin, de mí, y entonces recordé algo que nunca debía haber olvidado: Sólo las montañas son eternas. 

sábado, 18 de abril de 2009

Efímera sensación de vida en triste penitencia es lo que mi dolorido cuerpo ha sentido ante ti. Breve deseo de vida propia es lo que mi corazón ha notado ante ti. Fugaz calor dentro de mi alma es lo que he visto ante ti. 

Alma que ya no estás, cuerpo que ya no me acompañas, tristeza que siempre estás junto a mí, tinieblas que nunca me abandonáis, es hora de volver a nuestra oscura y fría morada, es hora de continuar vagando y errando por este mundo sin luz ni vida, es hora de volver a nuestra triste existencia sombría y solitaria. Es hora de volver a ser una sombra.

Esos preciosos ojos profundos que no me acompañan, esos preciosos labios pequeños que no me besan, esas preciosas manos blancas que no me acarician, ¿dónde estáis? ¿Qué ha sido de vosotros? ¿Por qué no estáis aquí, conmigo, volviéndoos eternos junto a mí? ¿Qué es lo que ha pasado para que decidáis desaparecer de esta alma que está nuevamente en penitencia infinita? 

Quiero verte, quiero sentirte, quiero tocarte, quiero besarte, pero no te encuentro. Echo de menos tu mirada, tu boca, tu nariz, tus mejillas, orejas, cuello y manos, echo de menos tu pecho, tu ombligo y tus caderas, echo de menos tu corazón y tu alma, aquella que parecía hecha a medida de la mía pero que no ha sido más que una ilusión que me ha engañado mostrándome una realidad que no existe, que ojalá existiese, que me ha mentido besándome con veneno, que ojalá fuese letal, que me ha olvidado en el purgatorio, que ojalá me llevara al infierno, puesto que sin ti todo es oscuridad, todo es frío, todo es pérdida en este mundo en que tú me has condenado a vivir y en el que no te puedo decir que te quiero. 

lunes, 6 de abril de 2009

Las dos de la madrugada.

Un ruido me despertó aquella noche. Hacía al menos dos horas que había dejado de llover, y la gran luna llena iluminaba toda la montaña.

Otra vez el ruido. ¿Qué sería? Estaba yo solo en toda la casa, en toda la montaña. Por mucho que elucubré aquella noche de desvelo forzoso, no encontré una posible solución coherente.

Tres noches después el ruido volvió. Pero esta vez me llegó preparado. Me levanté con una linterna y un bastón y salí rápidamente a la puerta de la casa, buscando la fuente del ruido que me desvelaba. Pero no hubo suerte. Otra noche en vela y sin resolver el asunto.

Una semana después, tras unas noches de calma pero de insomnio, nuevamente un ruido, esta vez más fuerte, me sobresaltó. Me levanté cansado, sin ganas de saber que era aquello que me había quitado el sueño, pero con ganas de encontrarlo, para poder descansar. Tampoco hubo suerte.

Repasé de arriba a abajo la casa y la zona cercana, en busca de una explicación lógica a todo el asunto, pero no tuve éxito. Así que decidí no preocuparme por ningún ruido, y durante un mes pude dormir. Hasta que el ruido volvió. Pude identificar el sonido pero no lo veía posible. Me di cuenta de que sólo me despertaba cuando sonaba en un sitio concreto, y me di cuenta de que ese sitio era el espacio entre mi mesita de noche y mi cama, como si alguien quisiera despertarme a cosa hecha. 

Tres noches seguidas de ruido y tres noches de descubrimientos. Cada noche me daba cuenta de algún detalle nuevo. Pero no encontré ni al autor ni el motivo de tal ruido. 

Volvió la luna llena, y un viento endemoniado se paseaba por toda la ladera. Ruidos por todas partes invadían mi noche, pero ninguno como mi ruido. Yo no me había dormido aún, así que pude darme cuenta de que algo pasaba. Estaba tumbado en la cama y sentí algo que hacía años que no notaba. Noté un brazo rodeando mi cuello, otro tocando mi pecho, y un pie acariciando el mío. Me quedé helado, casi muerto, al notar esa sensación. En realidad fue apareciendo poco a poco, hasta que fue una sensación completamente real. Decidí no hacer nada, esperando, haciéndome el dormido, a ver lo que pasaba. A las dos de la madrugada la sensación desapareció y oí el ruido. Y se acabó. El silencio y la soledad más absolutos fueron mi única compañía esa noche. 

Me quedé horas pensando y analizando la situación. Cada uno de los segundos anteriores fueron revividos y desmenuzados por mi mente en buscar de una explicación coherente. Pero nada, otra noche perdida. 

Pasaron dos meses. Seguía sin dormir, todas las noches se repetía la sensación que aquella noche descubrí. Todas las noches notaba como si me abrazara alguien que nunca existió, alguien que no sabía ni quien era ni por qué era yo al que se abrazaba. La verdad es que en ese momento me di cuenta de que estaba dejando de vivir, pensando en esa situación. Hacía dos semanas que no iba a trabajar, sólo bajaba a la ciudad para ir a la biblioteca, en busca de una solución que al menos me hiciese poder descansar. Pero nada. No hubo éxito. Pregunté a todos los vecinos, sobre todo a los mayores, para ver si había alguna leyenda sobre fantasmas en la zona. Pero nada. Tampoco hubo éxito. Me estaba volviendo loco. No dormía, no vivía, no trabajaba ni hablaba con nadie. Me obsesioné con esa puñetera sensación, quería saber qué significaba. Pero no había forma. 

Por fin saqué algo en claro una noche de luna llena. Pero, la verdad, mejor no haberlo hecho. Hacía unos días que la sensación se había hecho más fuerte, hasta tal punto que me oprimía. O a lo mejor era yo mismo en mi propia decadencia física y mental. Aquella noche decidí levantarme de la cama tras oír el ruido, para ver si tenía algo posterior. Efectivamente, así fue. Me asomé a uno de los ventanales de la casa, mirando hacia la puerta. La luna llena me permitía verlo todo claro... incluso a ella. Fueron apenas dos segundos, pero jamás se me olvidará su cara. Vi una figura de mujer salir de mi casa. Una mujer de tez muy clara, ojos muy oscuros, como su pelo, largo y movido por el viento. Ella no era muy alta, pero sí tenía un cuerpo casi perfecto. Justo como siempre pensé que sería mi mujer ideal, justo como nunca encontré. Llevaba un vestido largo con vuelo, de color claro, el viendo lo movía hacia atrás, insinuando las cadenas y los pechos de aquella mujer que nunca existió. De pronto algo brilló en su mano izquierda, por el reflejo de la luna, y me di cuenta de que había descubierto la fuente del ruido. Llaves. Llevaba un manojo de llaves en su mano izquierda. En ese instante, en que la mujer que nunca existió me miró, una nube tapó la luna, y la figura desapareció. 

La sensación estuvo un mes sin visitarme, la mujer que nunca existió dejó de existir. Ese mes empeoré. Me había acostumbrado a su presencia y no notarla me provocaba peores pensamientos que cuando me abrazaba. Me había vuelto loco, echaba de menos a un fantasma que me abrazaba de vez en cuando. 

Llegó el día. Luna llena. Me acosté vestido, me había decidido a resolver el asunto esa noche. Dejé las puertas y ventanas abiertas, para poder correr detrás de la mujer que nunca existió. Llegó el momento. Me abrazó. Pero fue diferente, duró más que de costumbre. Me quedé en blanco, desconcertado. Aunque finalmente oí el ruido. En ese instante salté de la cama en dirección a la ventana, salté por ella y caí de pie, para dirigirme luego hacia la puerta. Me planté frente a la mujer que nunca existió, y me vio. 

- Alto. - Le dije.
- Hola - me respondió -, has tardado mucho.
- ¿Qué? ¿He tardado?
- Sí. Llevo meses esperando este momento. 
- ¿Cómo? ¿Quién eres?
- Tú me conoces como la mujer que nunca existió, pero en realidad soy la muerte.
- ¿Cómo? - Me tuve que sentar.
- No es difícil de comprender, en realidad. Yo soy la muerte y llevo meses esperando esta noche.
- ¿Por qué? ¿Y por qué yo?
- Tenemos tiempo de sobra, así que creo que te lo puedo explicar. ¿Puedo sentarme a tu lado?
- Cla... claro - Todo mi cuerpo se hizo un escalofrío ante su acercamiento -. Por supuesto.
- Gracias - me dijo al sentarse -. El asunto es bien sencillo. Gracias a ciertas cosas que jamás entenderías me puedo permitir el lujo de manejar a la gente a mi antojo. Normalmente me llevo a quien quiero rápidamente, sobre todo a gente anciana, pero cada vez más me gusta provocar algo de sufrimiento antes del gran momento.
- ¿Y por qué yo?
- Me apetecía. Te he estado buscando mucho tiempo. Tú me has llamado la mujer que nunca existió, pero en realidad esta imagen que ves es un reflejo de tu mayor deseo en la vida. 
- ¿Qué?
- ¿No te has dado cuenta todavía?
- ¿De qué?
- ¿Cuál ha sido siempre tu mayor temor? 
- Pues la verdad, no lo sé. 
- Claro que lo sabes.
- La soledad.
- Exacto. La soledad. Tú siempre has deseado vivir en compañía de alguien con el cuerpo que ves en mí, y formar una familia. Pero nunca lo has hecho. Te desesperaste porque no llegaba esa persona y mira como has acabado. Solo, en la montaña, sin esperanzas de nada.
- Me gusta esto.
- No me hagas reír. A mí no me puedes mentir. Lo sé todo de ti. ¿Ves estas llaves que tengo en mi mano? Te controlan. 
- ¿Qué? ¿Cómo haces eso? 
- Es sencillo. Con estas llaves abro puertas que desembocan en tus consecuencias. Cuando eliges algo lo que haces en realidad es mirar la puerta que yo he abierto con esa opción.
- ¿Y por qué llevas meses torturándome?
- Me gusta verte sufrir. Lo he hecho siempre. Por eso estás donde y como estás. Solo y abandonado. 
- ¿Por qué yo?
- Porque te quiero para mí.
- ¿Qué?
- Lo que oyes. Llevo meses durmiendo contigo porque me gusta sentirte. Te llevo observando toda la vida, y te llevo preparando para este momento desde el momento en que decidí que serías mío. 
- ¿Cómo? No tiene sentido.
- ¿Por qué no?
- Pues... no lo sé - me levanté -. Eres la muerte, caramba.
- ¿Y?
- Que no sientes.
- Eso tú no lo sabes.
- Joder, pero eres la muerte.
- ¿Y?
- Pues eso. Que no tiene sentido. 
- Claro que lo tiene - me dijo mientras me sentaba de nuevo -. Ya tendré tiempo de explicártelo.
- ¿Me vas a estar haciendo sufrir mucho tiempo más? ¿Y encima con ese cuerpo?
- Respecto a esto último te diré que esta forma es la que ha elegido tu mente para que adopte al verme. Soy como tú me quieres ver.
- ¿Y respecto a lo otro?
- No tiene importancia ya. Para ti el sufrimiento no importa y el tiempo no existe. Estás muerto.
- ¿¡Qué!? - Me levanté de golpe. 
- Mira hacia la ventana, cariño mío.

Miré y vi mi cuerpo tirado en el suelo, bajo la ventana. Me acerqué y me observé, inmóvil, sin vida.

- ¿Qué me ha pasado? - Pregunté.
- Has caído de cabeza al intentar bloquearme el paso, no de pie - me respondió ella-. Sinceramente, me esperaba otra cosa de ti. Ahora eres un espectro. 
- ¿No dices que lo sabes todo? 
- Sí, pero no que lo espere todo. A fin de cuentas, el humano eras tú. Impredecible a veces incluso para mí. 
- ¿Y ahora qué? 
- Ya eres mío. Eternamente.

Me miré en el suelo, y miré mi espectro. Luego la luna llena, y a la muerte.

- ¿Nos vamos? - me dijo ofreciéndome su brazo.
- De acuerdo.

Le cogí del brazo y llegó la eternidad. 

domingo, 5 de abril de 2009

Sólo siento dolor. Siento que mi vida se escapa, que no la tengo atada. Me siento perdido. Todo aquello por lo que he luchado está desapareciendo o viniéndose abajo, llevándose una parte de mí por el camino, quitándome las pocas ganas de vivir que tengo ahora. Todas mis motivaciones para seguir en este mundo, mis ilusiones, mis ánimos, mis deseos, mis esperanzas, mis sentimientos, mi amor... todo se está yendo al garete a pasos agigantados, me queda poco aquí tal como me conozco. 

Cambios, necesito cambios. Necesito poder abrir los ojos y tener ganas de mirar al mundo, y no rechazar su luz como ahora, necesito saber que puedo tener a alguien a mi lado para animarme, para darme un abrazo, ojalá también un beso. Necesito un punto de apoyo para mover el puto mundo en el que no quiero estar, para ponerlo en el sitio que deseo que permanezca. No quiero seguir vagando entre sombras y oscuridades frías, ya he sufrido y andado suficiente así, no quiero seguir. No quiero perder mi vida de esta manera, estoy desaprovechando la poca energía que me queda. 

Te necesito. Necesito tu energía, tu mirada, tu piel, tus besos, tus abrazos, tu cariño. Necesito saber que me quieres, que me apoyas, que en tu vida soy algo importante. Necesito saber que puedo contar contigo si río o lloro, si amo o sufro. Necesito que entres a mi corazón y te quedes, y que me dejes entrar al tuyo y quedarme, para poder vivir los dos mirándonos. 

No tengo energía ni fuerza para seguir luchando por nada. Cualquier movimiento es en balde, por más que lo intento no consigo subir, la escalera es resbaladiza y me caigo y golpeo a cada paso que doy, me está costando horrores subir un peldaño que, por otro lado, es efímero, ya que siempre hay algún hecho que me impide mantenerme en él. 

Luchar... ¿para qué? ¿Qué motivo puedo tener para salir a la calle a poner en su sitio a los que me chafan, para salir a la calle a mirar el sol, para salir a la calle y decirle al mundo que estoy aquí y que me voy a quedar y nadie me podrá echar...?

Motivos no tengo para vivir. Motivos no tengo para morir. Vida triste y errante es la mía, sin guía para caminar, dando pasos inútiles en todas direcciones, sin saber realmente donde ir, o como ir... Necesito tu guía. 

Vivir así no es vivir, es sobrevivir, y no vale la pena. Necesito un respiro, necesito comprobar que la felicidad existe y no es un placebo que nos imponen. Necesito saber lo que significa la palabra vida, y amor también. Y cariño, y beso, y abrazo, y sonrisa, y mirada, y... Tantas cosas necesito saber, y tan pocas cosas puedo probar, que a veces me pregunto si realmente estoy vivo y no es una ilusión cartesiana, si tú existes y si te encontraré... y lo que es más importante... ¿cuándo?

Sobrevivir no es la forma de seguir aquí. Necesito una vida llena de colores junto a ti. Necesito que tu sonrisa esté conmigo. Te necesito.
El viento acariciaba lo que quedaba sano en aquella llanura cubierta de sangre. Las briznas de hierba rozaban los cuerpos sin vida de los soldados caídos, acariciaban sus armaduras rotas e inútiles, ocultaban los charcos ensangrentados que bajo ellas había, pisados de vez en cuando por los heridos errantes, los que buscaban a los compañeros y amigos y los que buscaban un camino por el que huir de aquel lugar. 

Por fin pude levantar la mirada. Tras varias horas de inmovilidad al acabar la batalla, fui capaz de observar más allá del suelo que me rodeaba. No me había atrevido. Alcé la vista y miré lo que quedaba de nosotros mismos y de nuestros enemigos, machacados por igual tras unas horas de combate inútil e injustificado. Me puse en pie, espada en mano, y comencé a andar hacia el centro de todo nuestro dolor, donde restos de artillería habían provocado un incendio y despezadado el suelo y a nuestros amigos. Muertes inútiles las de aquel día, ya que el fin último no lo habíamos conseguido. 

No tardé en caerme de nuevo, cegado en una envoltura salina proveniente de mí mismo. No podía más, todo aquello, todo nuestro esfuerzo, nuestro dolor, nuestras vidas, para nada. No podía ser cierto. Pude levantarme nuevamente, pero apenas pude caminar. No veía nada, todo era borroso, y no quería pisar a los muertos ni sus miembros perdidos. 

Llegué al punto central del escenario de la batalla. Me subí a un montículo provocado por una explosión aledaña, clavé mi espada en la tierra y miré alrededor. Sólo vi muerte.  La de la inteligencia. 

jueves, 2 de abril de 2009

Todo esfuerzo había sido en vano. Toda sangre derramada, todo olvido encontrado, toda energía... para nada. Como un tonto me quedé yo allí en el parque el día que nos olvidamos de nuestros ojos. 

Recuerdo perfectamente que ese día no hacía tanto frío, se estaba bien. El sol había calentado estupendamente, apenas había nubes, una luz cálida mojaba toda la vida que se veía alrededor de aquel lugar. Los niños correteaban por los juegos, merendaban con las mamás, que a su vez cotilleaban con las vecinas sobre los asuntos que no les interesaban pero que no les dejaban dormir. Esperaba darte una sorpresa aquella tarde. No me esperabas, pero sabía que te encontraría allí, tal como me habías dicho (se me da bien obtener información sin preguntar). Entré nervioso al parque, buscándote entre los árboles, esperando ver esos ojos claros, esa sonrisa dulce, esa cara de niña buena que tanto me gustaba. Esperaba ver que te rieras al verme llegar, y me abrazaras, al sorprenderte, porque no me esperabas. Esperaba notar el tacto de sus pechos sobre el mío, tu cara junto a mi cara, tu piel rozándome mientras nos pegábamos en un abrazo que, aunque breve, sería eterno en mi triste memoria. Esperaba poder hablar un rato, reírnos, ver a los niños jugar, contar algún cotilleo, poder mirarte a esos ojos tuyos que tanto me gustan, y quizá poder abrazarte otra vez. ¡Quién sabe! A lo mejor te podría besar de nuevo. ¡Ojalá! Soñar es gratis, e ilusionarse, obligatorio y necesario. Esperaba poder notar tu presencia junto a mí, durante unos eternos minutos, y ya de paso, notar cómo me mirarías, dándome energía para seguir luchando por algo que merezca la pena. Por ti. 

No te encontré. Vagué durante un tiempo que parecía no acabarse, buscando tus ojos. Miré las miradas de todas las mujeres que en el parque encontré, hasta las más ocultas, buscándote. Giré, me volví, me asomé, anduve, desanduve, fui, volví, buscándote, pero no te encontré. De repente, los minutos de tu compañía que me parecerían eternos, se volvieron en eternos minutos de soledad, el frío vino a mí, el hielo a mi corazón, y mi esperanza se fue por un pasillo del parque diferente del mío. No tuve ninguna mirada, ninguna sonrisa, ninguna mejilla sonrosada, ningún abrazo ni, por supuesto, ningún beso. Mi agonía por tu ausencia me impidieron cualquier intento de lógica, buscando una explicación ante lo que no veía. Mi desesperación me dejó sin calor, y caí fulminado y exhausto en una situación irreal, y en una derrota innegable. El frío había penetrado en mí, y volví a casa perdido entre saladas muestras de tristeza, porque no te había podido decir que te quiero.

viernes, 20 de marzo de 2009

La noche caía en aquel lugar tan triste que me había encontrado en mi camino.

Cada paso que daba era una agonía interminable. Un dolor insoportable. Mis heridas, aunque no visibles, eran muy graves, y me impedían seguir con vida mucho tiempo más. Claro que tampoco quería seguir vivo, después de aquello. Un paso más, y otro, y otro, pinchazos en el corazón me mataban poco a poco, un dolor desgarrador recorría todo mi pecho, acordándose de tu cara, de tus ojos, de tus labios y de tu nombre, provocándome, a su vez, saladas muestra de tristeza en mi rostro. Mi muerte, a fin de cuentas.

Recuerdo perfectamente por qué estoy así, y qué hiciste para dejarme en este estado. Simplemente fuiste tú. Ni más, ni menos. Tu pelo oscuro, tus ojos llenos de luz, tus labios dulces, tu piel suave, y tu forma de ser, fueron los culpables. Sólo tu presencia ya me provocaba un movimiento en el pecho, un vuelco en el estómago. No recuerdo cómo nos conocimos, ya hacía mucho tiempo, y casi desde el primer momento sentí que debía amarte, que debía seguir tu alma, como si de un objeto sagrado se tratase. Devoción es la que sentí por ti, nervios cuando estabas delante, y tristeza cuando no lo estabas. Cuando te tenía ante mí, moría de ganas de abrazarte y besarte, y cuando no estabas, moría de ganas de tenerte ante mí.

Nos conocimos, nos caímos bien, y comenzamos a hablar a diario. Me enamoraste día a día, penetrando en cada célula de mi cuerpo, bien dentro, pero no te podía decir nada, no me salían las palabras que quería decir... Nos hicimos amigos, y compartimos secretos e ilusiones. Me dijo alguien sin credibilidad que me querías, y yo le creí. Pero no me armé de valor para decirte nada, en mucho tiempo... demasiado, quizá.

Llegó el día. Me propuse contarte la verdad sobre lo que sentía, y nada ni nadie me podría impedir tales palabras, pensando en mi segura victoria, por lo que había oído, y creído ver entre tus líneas. Quedamos, como casi cada día, y comenzamos a charlar, como casi cada día. De repente, mientras palabras banales surgían de esos labios que me tenían loco, que eran una llamada demasiado fuerte como para resistirme a besarlos... te dije "te quiero". Se hizo el silencio, me miraste, cerraste los ojos, y otras palabras surgieron de esos labios que me tenían loco, pero esta vez demasiado dolorosas para mis oídos: "eres mi amigo".

Morí en aquel lugar, en aquel momento. Tú me mataste. Mi corazón dejó de ser tal, para convertirse en un lastre. Mi vida se llenó de sombras, y mi alma, simplemente, desapareció para errar sin mí. "Lo siento", apuñalaron tus labios sobre mi corazón. Te levantaste, y te fuiste. Y yo me levanté, intenté ir detrás de ti, pero las lágrimas y unas piernas que no me respondían, me lo impidieron. Caí al suelo, y no me quise levantar nunca más... pero lo hice. No sé el tiempo que estuve allí, tirado entre los adoquines de aquel triste callejón... pero me levanté. Comencé a caminar en sentido opuesto al tuyo, sintiendo pinchazos en el corazón a cada paso...

Gracias. Gracias por no quererme. Gracias por permitirme ser yo otra vez.
Es culpa mía ser como soy. Es culpa mía no ser como algunas personas quieren que sea. Pero qué se le va a hacer, soy así, y no hay más vuelta de hoja, ni más cera que la que arde.

¿Qué es lo que estoy haciendo mal? ¿Qué es lo que debería hacer? ¿Por qué no soy más que un amigo? ¿Cuál es el error que cometo?

Empecemos por el principio... Cada vez que conozco a alguna persona nueva intento ser yo mismo, educado, sincero y agradable. ¿Es ese el problema? ¿Qué buscáis las mujeres para enamoraros de alguien? ¿Qué es lo que tengo yo equivocado para que eso no pase? ¿Qué paso en falso doy?

Según la amistad va avanzando, la confianza se muestra más amplia. Intento ayudar, ser un apoyo, una solución... ¿Es esto lo malo? ¿Acaso buscáis alguien que os trate mal y os mande a la mierda? Sirvo de pañuelo, me meto en follones por vosotras, todo con tal de que veáis como soy, cómo puedo ser con alguien que me importe...

Finalmente, soy un sol y un buen amigo. Y os vais a follaros a otro. Y yo me quedo sólo para comerme los mocos de cuando esos tíos os tratan a patadas. Pero nada más. Me declaro a vosotras, muestro mi sinceridad, os hago saber lo que siento (como tantas veces me habéis hecho a mí)... y nada, sólo me veis como un amigo. Y nada más. Y yo me quedo destrozado por no poder amar a nadie, ni que me amen, y encima pretendéis seguir usándome de pañuelo.

¿En qué parte fallo? ¿En qué momento cruzo la línea entre la "posibilidad de novio" y la "amistad que queréis conservar y por eso no queréis nada conmigo"? En algún momento tengo que meter la pata. ¿Tan complicado es quererme? ¿Qué fallo tan grave tengo para que eso pase? ¿Por qué coño no os dais cuenta de que puedo ser un amante, novio, marido excelente, y no sólo el amigo ese que está ahí para todo?

¿Por qué coño no puedo encontrar a nadie que me quiera? ¿Por qué he de estar solo?

jueves, 19 de marzo de 2009

Todo esfuerzo había sido en vano. Toda sangre derramada, todo olvido encontrado, toda energía... para nada. Como un tonto me quedé yo allí en el parque el día que nos olvidamos de nuestros ojos. Recuerdo perfectamente que ese día no hacía tanto frío, se estaba bien. El sol había calentado estupendamente, apenas había nubes, una luz cálida mojaba toda la vida que se veía alrededor de aquel lugar. Los niños correteaban por los juegos, merendaban con las mamás, que a su vez cotilleaban con las vecinas sobre los asuntos que no les interesaban pero que no les dejaban dormir. Esperaba darte una sorpresa aquella tarde. No me esperabas, pero sabía que te encontraría allí, tal como me habías dicho (se me da bien obtener información sin preguntar). Entré nervioso al parque, buscándote entre los árboles, esperando ver esos ojos claros, esa sonrisa dulce, esa cara de niña buena que tanto me gustaba. Esperaba ver que te rieras al verme llegar, y me abrazaras, al sorprenderte, porque no me esperabas. Esperaba notar el tacto de sus pechos sobre el mío, tu cara junto a mi cara, tu piel rozándome mientras nos pegábamos en un abrazo que, aunque breve, sería eterno en mi triste memoria. Esperaba poder hablar un rato, reírnos, ver a los niños jugar, contar algún cotilleo, poder mirarte a esos ojos tuyos que tanto me gustan, y quizá poder abrazarte otra vez. ¡Quién sabe! A lo mejor te podría besar de nuevo. ¡Ojalá! Soñar es gratis, e ilusionarse, obligatorio y necesario. Esperaba poder notar tu presencia junto a mí, durante unos eternos minutos, y ya de paso, notar cómo me mirarías, dándome energía para seguir luchando por algo que merezca la pena. Por ti. No te encontré. Vagué durante un tiempo que parecía no acabarse, buscando tus ojos. Miré las miradas de todas las mujeres que en el parque encontré, hasta las más ocultas, buscándote. Giré, me volví, me asomé, anduve, desanduve, fui, volví, buscándote, pero no te encontré. De repente, los minutos de tu compañía que me parecerían eternos, se volvieron en eternos minutos de soledad, el frío vino a mí, el hielo a mi corazón, y mi esperanza se fue por un pasillo del parque diferente del mío. No tuve ninguna mirada, ninguna sonrisa, ninguna mejilla sonrosada, ningún abrazo ni, por supuesto, ningún beso. Mi agonía por tu ausencia me impidieron cualquier intento de lógica, buscando una explicación ante lo que no veía. Mi desesperación me dejó sin calor, y caí fulminado y exhausto en una situación irreal, y en una derrota innegable. El frío había penetrado en mí, y volví a casa perdido entre saladas muestras de tristeza, porque no te había podido decir que te quiero.

domingo, 15 de febrero de 2009

La tensión se notaba en el ambiente. La motocicleta esperaba pacientemente a ser conducida. Mi vello, erizado a la vista de la situación que se presentaba. Todo mi cuerpo en guardia, todo mi ser volcado con el acontecimiento que, por fin, llegaría en unos pocos segundos. Se iba acercando el momento, y mis músculos se ponían en su sitio, esperando un acto por mi parte. Allá que nos montamos, el piloto en su puesto, y yo de espaldas a él, en sentido contrario a la marcha, en el asiento del pasajero, con la máquina mostradora de verdades a mi derecha, en mi mano forzada a su posición para evitar una caída letal. El casco bien puesto, las piernas apretando fuertemente el chasis de la motocicleta, las manos sueltas sujetando la máquina, y yo atento a un posible movimiento que me desequilibrara...

La salida se anunció, y la gran verdad se mostró. Una rápida aceleración como respuesta de la motocicleta tuvo al pitido que ponía punto inicial a la prueba, y una salida más lenta la ciclista... Yo allí, en medio, entre la carretera y mucha gente en vehículo, tenso, atento, expectante, nervioso y emocionado. Sin ver el camino que nos esperaba, pero notando sus consecuencias en forma de baches y curvas pronunciadas, esperando el momento de captar la realidad en su forma más pura, esperando una caída fatal. La realidad superaba cualquier imaginación. Todos mis músculos funcionando al 110% para cumplir con mi trabajo, siendo mejor que nadie, siendo más lógico que todos, siendo un jodido insensato que se estaba jugando el barato pellejo para obtener unas imágenes que nadie tuvo nunca, y que jamás tendrán. 

Conseguido. Llegada a meta entero, la adrenalina por fin se puso en su nivel normal tras varias horas de llenar cada célula de mi cuerpo, por fin motocicleta y piloto descansaron tras haber ayudado a mi trabajo, un trabajo que salió de maravilla... y que me encanta.

domingo, 18 de enero de 2009

Quiero...

Quiero estar contigo, aunque muera. Quiero sentir tus brazos rodearme, aunque me duela. Quiero notar tus labios sobre los míos, aunque me envenene. Necesito mirarte a los ojos, y verme reflejado, necesito despertarme a tu lado cada día, abrazado, necesito la energía que me da tu sonrisa, apagado. 

Creo que te quiero. No dejo de pensar en ti, no dejo de desear tu compañía, esa que sólo me ofreces cuando a ti te viene bien, no dejo de querer sentir tu cuerpo junto al mío, no dejo de reprimirme las ganas de besarte, cuando estás a mi lado, no dejo de desearte. Y sin embargo, no quiero acordarme de tu rostro, no quiero que estés cerca de mí, no quiero notar tu cuerpo sobre el mío, no quiero ni besarte, por si me enveneno. 

Sabes el motivo de mi silencio a gritos, sabes por qué no te digo nada, y te lo digo todo, quiero gritar a los cuatro vientos que te quiero, quiero que me quieras, pero no me quieres, sólo cuando tú quieres.  Y yo eso no lo quiero. 

Me gustaría que estuvieses a mi lado. Podríamos llegar lejos juntos. Sin embargo me pones la miel en los labios, me haces castillos en el aire, y luego desapareces, y yo me quedo como un jodido imbécil que mira en un escaparate lo que desea tener, y que le es inalcanzable. No quiero seguir así, estoy sufriendo por tu culpa, gracias a ti, estás jugando conmigo, y eso me está destrozando. Me estás sacando de las tinieblas para meterme más en ellas, me estás calentando el corazón para destrozarlo, me estás haciendo recordar algo olvidado sólo para que recuerde por qué lo olvidé. 

¿Por qué estás haciendo esto? ¿Por qué me estás matando de amor? ¿Qué es lo que he hecho yo para merecer tu ira? ¿Acaso me merezco sufrir de esta manera? Cada día me duele más el pecho, me estás oprimiendo el corazón, ahogando el alma, quitando la poca vida que me queda... quizá por un capricho tuyo, quizá por venganza hacia alguien que desconozco...

Si no me quieres, déjame olvidado. Si me quieres, quiéreme. Pero no me tengas así, porque me estás matando. 

martes, 6 de enero de 2009

Déjame

Déjame navegar por ese rostro perfecto, déjame perderme por sus islas, déjame orientarme por esos ojos que brillan como todas las estrellas del firmamento juntas intentando hacer un esfuerzo, lleno de envidia, por llegar a ser la mitad de bonitos que tus preciosos ojos oscuros, déjame acercarme a esa isla de salvación que es tu nariz, tan suave, como el resto de tu piel, tan bonita como la mejor de las obras de arte del mejor museo del mundo, déjame rozar esas mejillas sonrosadas, déjame tocar sus arrugas cuando te ríes, déjame acercarme a esos labios tuyos que me tienen hipnotizado, déjame verlos bien de cerca, quiero quedarme toda la eternidad viendo como te ríes, viendo como me sonríes, como me das energía con tu movimiento, déjame seguir navegando por tu piel, déjame acariciar tu barbilla, notar tu aliento cuando te beso, déjame seguir perdiéndome por tu cuerpo, rozando con mis labios cada centímetro de tu cuello, besándote, notándote, sintiéndote, amándote...


¿Cómo fingir que no ha pasado nada, después de ver como tus ojos capturaban con su mirada mi alma, cómo fingir que este momento no ha ocurrido nunca, si me has mirado y me has sonreído, cómo puedo dejar que pase el tiempo, si espero cada segundo que vuelvas a mirarme con esos ojitos, a reírme con esos labios, cómo quieres que piense que no se va a abrir una herida ya abierta aun sin haber cubierto la distancia que nos separa, una herida que me impide ver otros rostros, más que el tuyo, a notar otros ojos, más que los tuyos, a sentir otros labios, más que esos que nunca me han besado pero como si lo hubiesen hecho porque no los puedo olvidar?