No puedo más. No sé cómo, me he vuelto a meter en un lío. En tus ojos. No entiendo por qué ha pasado, pero es así, has entrado en mí y no puedo sacarte de ninguna manera. Tú, que viniste por la puerta pequeña, que no tenía intención de dejarte entrar... en dos caricias y un beso has llegado hasta el fondo. No puede ser, porque no es justo. Me has puesto la miel en la boca, y arrancado los labios para no juntarlos más con los míos. Supuestamente, por culpa de una pseudopersona que me está provocando muchos problemas, y es cierto que es un problema para una relación... pero si fuera al contrario, si tú tuvieses ese problema, yo iba a estar ahí para ayudarte, junto a ti, para que no lo pasaras sola. Sin embargo, me has hecho caer, me has picado, me has envenenado, y ahora el antídoto lo llevas encima, lo veo cada vez que te miro, que son muchas veces a lo largo del día, sí, estés o no estés, te veo. Presente o en mi mente, pero ahí estás a todas horas, sonriéndome con esos labios que fugazmente probé, mirándome con esos ojos oscuros que me han atrapado toda la luz, no sabes cuánta, tentándome con esa piel oscura que deseo probar centímetro a centímetro, hablándome con ese acento tuyo que entra en mi cabeza y se pierde en ella...
¿Por qué? ¿Qué he hecho para estar en esta situación? Te he ofrecido cuanto tengo, te he abierto mi casa y mi corazón... y no sé lo que has hecho, pero quedarte en él no has querido, has entrado, lo has puesto patas arriba y te has salido para ver como implosiona. No es justo. No es justo, no lo es. Siento mucho estar así, pero si no lo digo, reviento. Creo que te quiero, creo que te necesito. No me quito de la cabeza tu sonrisa, esa que pensé que iba por mí, y además estoy seguro de que de forma efímera, fue así. ¡Pero si lo quisiste tú! ¡Me lo dijiste!
Lo que más siento es que por un intento de persona que, se supone, no me quería ningún mal, ahora te alejes de mí. No puedo resolverlo, no sé como gestionarlo, hago todo lo que puedo, para evitar que nos afecte a ti y a mí. Pero no es una cosa que pueda resolver ni ya, ni solo. No es una cosa que debería afectar a lo que podríamos tener tú y yo, que estoy seguro de que sería muy bonito, y muy largo. O no, no lo sé, pero sin riesgo no hay victoria...
Yo hago lo que puedo. No sabes el esfuerzo que me supone resolver todo lo que tengo ahora mismo, no necesitaba más cosas a resolver, y has llegado tú. Te he ofrecido mi ayuda para que puedas arreglar tu vida, te he ofrecido mi casa, mi tiempo, mi corazón... Yo hago lo que puedo. Y lo que no puedo, lo intento. Pero no siempre depende de mí.
Ojalá pudiera quitarte toda la ropa, y que cada centímetro de tu mestiza piel pase por mis labios. Ojalá los tuyos hicieran lo mismo con mi piel. Ojalá se encontraran y se fundieran, y ojalá toda la piel besada, por ambos, se rozaran en toda su extensión.
Me gustaría, sí, que me besaras. Otra vez, pero no tan efímera. Me gustaría que, de verdad, pudiera decirte lo que siento. Sin que me respondas con evasivas. Me gustaría que, por mucho tiempo, pudieras quererme. Pero mucho. Creo que sería bonito, que sería bueno para los dos, que podríamos hacer un buen equipo.
Sí, te lo repito, quiero abrazarte, quiero besarte, quiero que esos oscuros ojos brillen al verme, y esos dulces labios se mueran de ganas de besarme. Y que cuando te digo algo, tu respuesta no sea una evasiva.
Ay, quiero tantas cosas... Ay, quiero sólo una...