sábado, 27 de febrero de 2016

Estoy desconectado porque no quiero saber de ti. Estoy cansado de esta situación. Me gustas mucho, sí, no es nada nuevo, me gustaría que estuvieses en mi vida, pero cada vez que entras, me haces daño. Me dijiste que me alejara si me hacías daño, que te lo dijera, y es lo que estoy haciendo. Me haces daño. Me haces daño porque me encantaría ver como tus ojos me ven de cerca, como tus labios prueban los míos, como tus brazos me rodean para estrujarme y que suspires por estar abrazada a mí. Pero es algo que no sucede, que no quieres que pase, y que yo sigo deseando, quizá más cada día. Y encima, el último día, me pareció verlo en otro, o lo vi en realidad, aunque tú me digas que no ocurrió y que es "normal", no es lo que aparentaba. Claro que me puse celoso, ¡quería que eso me lo hicieras a mí! Como para no estarlo. Sin embargo, no consigo estar a solas contigo, no quieres que lo esté, y no hay forma de poder contarte todo esto en persona. Y yo no puedo más. No puedo. 

Claro que quiero saber de ti, quiero saberlo todo, quiero que lo quieras saber todo, que me lo cuentes, o mejor, que me veas, que me mires a los ojos, y que no necesites contarme nada. Pero no puede ser, y no es porque yo no quiera. Tú no quieres, o dices que no quieres, y yo, que soy capaz de hacer muchas cosas y de superar muchísimos problemas, no puedo conseguir cambiar tu cabeza. Es lo único que no puedo resolver para que quieras estar conmigo, y que merezca la pena. No quieres subir, no quieres estar a solas conmigo, no quieres que me acerque aunque sí que esté cerca, no quieres quererme, ni siquiera un rato en tu cama, según tú porque no quieres hacerme daño y porque sabes que quiero algo más. Pues, sinceramente, me hace más daño que estés así. Que me cuentes muchas cosas o que no me cuentes nada. Que me digas que quieres cambiar de vida pero sigas igual.  Que no quieras acercarte pero que me digas que te estás pillando por tu folloamigo. ¿Cómo quieres que hable contigo, si la mitad de las veces que lo hago o acabamos discutiendo o acabo triste por lo que me estás contando, y que no es lo que me gustaría leer (de oír ni te cuento, inviable es sin esfuerzo por ambas partes)? No sabes lo que estoy pasando, todos los problemas que tengo, aunque algo te he contado, y sin embargo estoy dispuesto a hacerte un hueco en mi vida y luchar por que tu estancia en ella sea lo mejor posible. Y eso, aunque no lo creas porque todo lo que te digo te parece excusa, es un grandísimo esfuerzo para mí, en todos los sentidos. Por supuesto sé que tú tampoco estás en tu mejor momento, y me encantaría colaborar para que lo fuese, y estar a tu lado cuando lleguen los éxitos. Eso sin contar con lo que pasaría si saliésemos, porque visto lo visto, tampoco tengo tan claro que fuese buena idea. Aunque estaría dispuesto a comprobarlo.

Claro que no soy sincero, ¿por qué iba a serlo si tú tampoco lo pareces en ocasiones? Te contradices muchas veces, y yo ya no sé por donde tirar en algunas de ellas, si te ofrezco mi ayuda, te cabreas porque crees que pienso que no lo puedes hacer sola, si te ofrezco mi compañía, me has llegado a decir que a solas no, que para eso te buscas a alguien de allí, si te doy ánimos, te cabreas porque dices que no te veo capaz de conseguirlo, joder, si hasta te mosqueas porque te abro la puerta del coche. Pues no. Hago todo eso porque me nace, porque me importas, porque quiero que me consideres en tu vida como algo importante, que me hagas hueco y que cuando te salude o te vea te haga un nudo en el estómago porque por fin sabes de mí o me ves. Como me pasa a mí cada vez que me empiezas una conversación o nos vemos. ¿Y sabes qué? Que no te escriba no significa que no me acuerde de ti, sino todo lo contrario, que pienso en ti todos los días, y me cuesta mucho no hablarte, porque quiero saberlo todo, quiero que lo quieras saber todo, pero no quiero saber nada, porque sufro y me haces daño. Saber que estás viendo a otros, que sales con otra gente cuando a mí me lo niegas, pues no me hace bien, y el colmo fue lo del sábado. Que sí, me lo pasé muy bien, eso no lo dudes, pero el rato de estar los tres solos me mató, anímicamente hablando, estuve a punto de irme en varias ocasiones, pero no lo hice porque te dije que me quedaría hasta la noche. Me recriminaste que no tenga un fin de semana libre para quedarme allí contigo, ¿pero en qué plan? Porque para estar como el otro día, no, gracias. Claro que quiero estar contigo todo el fin de semana, pero probablemente no del mismo modo en que piensas tú. Y que luego me digas que te vienes conmigo al pueblo cuando te digo que me voy solo... pues encantado, por mí, pero si es para que me claves espinas por doquier, no, gracias.

Eres tú la que no pareces sincera conmigo. Yo lo soy desde el principio. Quiero que me quieras en tu vida, que tengamos "algo" (indeterminado pero más que amistad). Te veo y tengo muchas ganas de abrazarte y de besarte, me cuesta mucho reprimirme, pero mira, lo hago porque te dije que lo haría. Pero leches, si te hablo, porque te hablo, si no te hablo porque no te hablo, si te digo de quedar, porque lo digo, si no, porque no, a veces pienso que contigo tengo lo peor de tener pareja, pero sin tenerla. Y eso me duele. Me duele estar así, y no sé por donde tirar. Y al final, no aclaro nada, porque me dices una cosa y no siempre es así. Y encima más de uno de tu entorno, o como la tipa del restaurante, que me digan que te haces la dura pero que insista, que merece la pena, pues mira que gracia.

¿Que te dijiste a ti misma que no me hablarías y lo has hecho? Eso es porque piensas en mí, y me parece suficiente motivo para hablar, por supuesto. Te dije que estaría desconectado, y lo he hecho, no te he hablado, porque necesitaba pensar y aclarar conceptos. Y, sobre todo, necesitaba que me hablaras, a ver lo que tardabas. Todo eso lo meto en la cabeza, le doy vueltas y saco conclusiones. Y la mía es que, tal como estamos, en el punto en el que nos encontramos, me haces daño, no vamos bien. Hace falta una solución. Cambios. Mi solución es "estar cerca", pero sin que me duela. Y esa parte no la puedo resolver yo. ¿Que hay otras? Por supuesto, y estoy abierto a ellas. Si tú quieres que nos alejemos, no pasa nada, encantado y ojalá te lo replantees en el futuro. Si quieres que nos acerquemos, las cosas claras y los puntos sobre las íes. Y por supuesto, tenemos que cumplir los dos, yo estoy dispuesto a muchas cosas, como te digo.  Pero no voy a seguir como vamos ahora. Ni de coña, vamos. No sé como puede salir nada, pero sí sé que la única forma de conseguir saberlo, es intentarlo. Y yo, ahora mismo, no sé por donde tirar. Estoy perdido, estoy cabreado por algunas de tus actitudes, pero no te digo nada porque no soy quien para ello. Como tú me has dicho muchas veces, que no tienes por qué contarme las cosas porque no soy tu pareja. Pues ojalá me las contaras u ojalá lo fuese, cualquiera de las dos. Pero que encima te mosquees porque no te hablo, pues no me parece bien. Y ahora mismo lo último que necesito es no dormir por las noches pensando en lo que estarás haciendo, o en por qué no te acercas a mí. Y me está ocurriendo. No me gusta. 

Todo esto te lo he dicho en otras ocasiones, quizá con otras palabras, pero te lo he contado ya, aunque suelto y sin decirlo todo en bloque. Me da lo mismo el tiempo que esté escribiendo, o que estés leyendo, te lo estoy contando todo bien claro, no me estoy dejando nada. Bueno, sí, que sigo esperando muchas respuestas tuyas a preguntas que te he hecho, y que me dices que en todo caso me las responderías en persona, nunca por aquí. Pues joder, si no estamos a solas, no se me olvidan, porque sí, tengo buena memoria para algunas cosas, y recuerdo casi todo lo que me has contado en alguna ocasión. Por suerte o por desgracia. Sigo esperando respuesta, por ejemplo, a la pregunta que te hice cuando hablamos sobre mis escritos, esa de "¿te jodería que te dijera que estoy enamorado de ti y que por eso escribo lo que escribo?" Tu respuesta fue un quizás, que en todo caso me lo aclararías en persona, y eso no ha pasado. Y no, no estoy enamorado de ti, viendo lo que veo, no, aunque me gustas mucho, y no, normalmente no escribo por eso, aunque ya te he reconocido que alguna vez sí.

¿Sabes lo que más me jode? Que eres mucho más sincera cuando me hablas yendo borracha. Te sueltas más, y aunque tú no lo recuerdes, ya lo hago yo. Me dices muchas veces que me quieres, y que querrías estar conmigo si quisieras pareja. En alguna ocasión me has pedido que vaya a tu cama, y en una me dijiste con todo tipo de detalles lo que me harías si estuviera. ¿Y por qué cojones me dices eso sólo cuando vas borracha, y por qué no te vienes tú a mi cama, con las ganas que tengo? Luego cuando vas sobria, todo lo contrario. Y yo así no puedo seguir, no estoy dispuesto a seguir.

¿Y ahora qué? Tras leer todo esto, cosa que espero hagas entera y me respondas a cada cosa que te digo, y que no elimines la conversación como dices que haces siempre, pues se plantean varias cosas. Que dejemos de hablar es una de ellas, no es la que me gustaría pero si es la que vemos más recomendable, pues es lo que hay. Lo sentiré mucho, ea. Que sigamos igual es casi la más probable, al menos por tu parte, porque por la mía ten claro que no, porque me he cansado de estar así. Que hablemos más y nos "acerquemos", pues supongo que sería la "ideal", pero no tengo claro cuales serían las consecuencias de ella. Ni si merece la pena o no. Y sólo hay una forma de saberlo. Ni idea de lo que pasará a partir de ahora, pero sí de que lo que ha pasado hasta ahora, ha llevado hasta aquí. Tal cual. La que elijas, bien elegida estará, la respetaré absolutamente.

domingo, 21 de febrero de 2016

Lástima que sólo me hagas lo que yo quiero en mis sueños. Que pena que sólo ahí sienta tu piel, saboree tus labios, note tus brazos rozando mi cuerpo y tus ojos entrando en mí. Que triste para mi alma ver que, al estar despierto, hagas todo eso, pero a otro. Lágrimas que caen por dentro no consiguen limpiar ese recuerdo, tristeza que no consigue que te olvide, verdades en vigilia (recuerda, en sueños la verdad es la que yo quiero) que no permiten que seas cosa del pasado y que ya no quiera ver real mi sueño. Silencio obligado, pensamiento reprimido, deseo no correspondido. Tú, sin mí. Yo, no puedo contigo. 

¿Y qué sueño? Una realidad alternativa a la que veo despierto, una actitud contraria a la que de verdad tienes, una respuesta deseada que no obtengo. Nada, en realidad, o todo, en verdad. Ni siquiera sé por qué ocurre, por qué, a pesar de todo lo que ha pasado, o pasa, o yo que sé si pasará, sigo soñando contigo, si cuando despierto y te veo sé que nada hay que hacer. Malditos sueños, que asco de deseos no correspondidos, y que lástima que no sean compartidos. 

Sólo quiero cambiar el sueño o la realidad, no lo tengo claro, pero que vayan en conjunto, que si sueño contigo no sea para desearte, o que si te veo en realidad no desee que sea como en el sueño. Porque esto no bueno es, porque mi cabeza dudas tiene sobre todo, porque no te olvida y porque no quiere recordarte. Porque sí, o porque no, pero todo a la par. O verte y saber que tus brazos me quieren rodear, tus preciosos ojos ver y tus labios besar, o verte y saber que no quiero que ocurra. Pero sólo una cosa. No todas a la vez. Ni ninguna nunca.

jueves, 18 de febrero de 2016

Soledad a cada paso que aparenta ser realidad, pero que de sueño no pasa. Compañía que sigue el ruido de mi avance pero que sin embargo no está, u oculta existe. No hay forma de verte mostrada, ni de abandonarte, nada, nada varía, soledad o compañía, ¿cuál es la errónea, cuál es la existente con certeza, cuál es la recomendable? 

Ojos que no se ven, piel que no se roza, sonrisa que no se besa, ¿realidad, sueño? No hay forma de distinguir nada, no hay luz, no hay sonrisa, no hay mirada entre el frío que sólo huye si hay un buen abrazo, cada paso en silencio (o con ruido, si alguien lo escucha) es algo indeterminado pero real, sólo la tiniebla sabe lo que es rozar mi piel, sólo la humedad quiere hacerlo, no tú. Sólo la soledad me hace compañía, no tú. Sólo la luz del día me ilumina, no tú. 

Espacio erróneo, tiempo equivocado. Lástima. 

jueves, 11 de febrero de 2016

Te quiero. No sabes cuanto, y no sabes cuanto me cuesta reprimirme decírtelo. Te quiero, sí, junto a mí, hacerte feliz, que mi mundo sea tu mundo, que tu mundo sea mejor junto al mío, que hagamos grandes cosas juntos, que hagamos de las más pequeñas, las mejores. Te quiero, sí, quiero que tengas ganas de verme, que me tengas delante de ti y me abraces sin pensar, que me beses sin decir nada, que caminemos juntos hacia el tiempo, que nada, ni nadie, impida que tu sonrisa sea por la mía. 

Sí, te quiero, y no sabes cuanto, ni cuanto me cuesta no decírtelo. Es saber de ti, es tenerte delante, y no querer parar de decírtelo, de sentir tu calor, de que tus brazos y los míos hagan un escudo contra el exterior. Sí, te quiero, ¿y qué?

 

martes, 2 de febrero de 2016

Hola. ¿Qué tal estás? Te escribo porque hace dos eternidades que no sé de ti. La real (o lo que me parece que es una eternidad), y la que dice mi corazón que hace. No sé, no sé en realidad cuanto hace, pero no hablo contigo. No veo tus ojos, tus labios no me sonríen. No sé de tu rostro. De tus palabras. Ni de tus gestos. ¿Qué ocurre? ¿Dónde estás? ¿Qué es de ti? ¿Piensas en mí? Yo todos los días me acuerdo de tu forma de mirarme, de la mueca de tu sonrisa al verme, del suave tacto de tu piel cuando, casualmente, me rozabas... Echo de menos tu compañía, tus palabras, tu forma de acercarte a mí... lo recuerdo y todo mi vello reclama tu presencia. 

¿Por qué esta ausencia? ¿Qué ha pasado, o qué no ha pasado, para que desaparezcas sin más de mi vida, que no de mi mente ni mi alma? ¿Por qué tu voz no me llega en vigilia, aunque sí en sueño, así como tu compañía? ¿Por qué este vacío?

No es una situación que me guste, por si no lo sabías, ya me había acostumbrado a tenerte cerca, a que me tuvieras cerca. Ahora has dejado un vacío que no me gusta, ahora sólo eres recuerdo que me viene a menudo, tanto en vigilia como en sueño, nada más. Y me pregunto el motivo, y si cambiará la situación para que en vez de alejarte, te acerques. 

¿Dónde estás? ¿Qué has hecho este tiempo? ¿Te acuerdas de que anhelo tus besos y tus miradas?