domingo, 21 de febrero de 2016

Lástima que sólo me hagas lo que yo quiero en mis sueños. Que pena que sólo ahí sienta tu piel, saboree tus labios, note tus brazos rozando mi cuerpo y tus ojos entrando en mí. Que triste para mi alma ver que, al estar despierto, hagas todo eso, pero a otro. Lágrimas que caen por dentro no consiguen limpiar ese recuerdo, tristeza que no consigue que te olvide, verdades en vigilia (recuerda, en sueños la verdad es la que yo quiero) que no permiten que seas cosa del pasado y que ya no quiera ver real mi sueño. Silencio obligado, pensamiento reprimido, deseo no correspondido. Tú, sin mí. Yo, no puedo contigo. 

¿Y qué sueño? Una realidad alternativa a la que veo despierto, una actitud contraria a la que de verdad tienes, una respuesta deseada que no obtengo. Nada, en realidad, o todo, en verdad. Ni siquiera sé por qué ocurre, por qué, a pesar de todo lo que ha pasado, o pasa, o yo que sé si pasará, sigo soñando contigo, si cuando despierto y te veo sé que nada hay que hacer. Malditos sueños, que asco de deseos no correspondidos, y que lástima que no sean compartidos. 

Sólo quiero cambiar el sueño o la realidad, no lo tengo claro, pero que vayan en conjunto, que si sueño contigo no sea para desearte, o que si te veo en realidad no desee que sea como en el sueño. Porque esto no bueno es, porque mi cabeza dudas tiene sobre todo, porque no te olvida y porque no quiere recordarte. Porque sí, o porque no, pero todo a la par. O verte y saber que tus brazos me quieren rodear, tus preciosos ojos ver y tus labios besar, o verte y saber que no quiero que ocurra. Pero sólo una cosa. No todas a la vez. Ni ninguna nunca.