sábado, 18 de abril de 2009

Efímera sensación de vida en triste penitencia es lo que mi dolorido cuerpo ha sentido ante ti. Breve deseo de vida propia es lo que mi corazón ha notado ante ti. Fugaz calor dentro de mi alma es lo que he visto ante ti. 

Alma que ya no estás, cuerpo que ya no me acompañas, tristeza que siempre estás junto a mí, tinieblas que nunca me abandonáis, es hora de volver a nuestra oscura y fría morada, es hora de continuar vagando y errando por este mundo sin luz ni vida, es hora de volver a nuestra triste existencia sombría y solitaria. Es hora de volver a ser una sombra.

Esos preciosos ojos profundos que no me acompañan, esos preciosos labios pequeños que no me besan, esas preciosas manos blancas que no me acarician, ¿dónde estáis? ¿Qué ha sido de vosotros? ¿Por qué no estáis aquí, conmigo, volviéndoos eternos junto a mí? ¿Qué es lo que ha pasado para que decidáis desaparecer de esta alma que está nuevamente en penitencia infinita? 

Quiero verte, quiero sentirte, quiero tocarte, quiero besarte, pero no te encuentro. Echo de menos tu mirada, tu boca, tu nariz, tus mejillas, orejas, cuello y manos, echo de menos tu pecho, tu ombligo y tus caderas, echo de menos tu corazón y tu alma, aquella que parecía hecha a medida de la mía pero que no ha sido más que una ilusión que me ha engañado mostrándome una realidad que no existe, que ojalá existiese, que me ha mentido besándome con veneno, que ojalá fuese letal, que me ha olvidado en el purgatorio, que ojalá me llevara al infierno, puesto que sin ti todo es oscuridad, todo es frío, todo es pérdida en este mundo en que tú me has condenado a vivir y en el que no te puedo decir que te quiero.