martes, 11 de febrero de 2014

Mi pena por tu lejanía es inmensa. No puedo aguantar que estés lejos de mí. Así, sin florituras literarias de ningún tipo. ¿Por qué te has alejado de mí, porque has roto mi corazón, por qué has desaparecido, por qué, por qué? Echo de menos tus abrazos, echo de menos tus besos, tus miradas y tus sonrisas... ay, tus sonrisas, es lo que usaba yo para dar luz a mi vida, a esa vida que, aunque pobre, quería compartir contigo. Quería construir mi mundo en torno a ti, quería que fueses su centro de gravedad, estar contigo, verte envejecer toos los días en mi cama, sentirte en todo momento en mis brazos, notar por todo mi cuerpo tu fuerza al besarme, amarte, en definitiva.

Por desgracia y muy a mi pesar me has apartado de ti, injustamente. Por tus malos ratos, esos que no deberían existir y que, de hacerlo, deberían ser compartidos conmigo para que fuesen menos. Siento mucho si te he hecho daño en algún momento de nuestro tiempo juntos, lo siento, lo siento mucho, nunca jamás he tenido intención alguna de hacerte nada malo, al contrario, sólo he pretendido que me considerases una parte importante de tu vida, para bien, por qué no, tu compañero para el resto de nuestras existencias... Yo lo veía así, bonito, juntos, futuro, familia, amor.

El futuro me ha jugado una mala pasada porque se ha aliado con el pasado para dejarme perdido en el presente. Y haciendo malabares temporales me encuentro con que mi pasado no me deja ver mi futuro, y mi presente me oculta más todavía lo que me viene a buscar desde las tinieblas de tu ausencia.

¿Por qué te has ido dejando aquí conmigo tu hueco vacío en mi corazón ahora destrozado? Ya no me queda nada ocupado, tú te habías adueñado de mí completamente, totalmente, finalmente, a pesar de que los comienzos no fueron fáciles, ambos luchamos por tu presencia ya imborrable y desechada con tu decisión, y eso me está matando, noto como tu hueco en mí, vacío como he dicho, implosiona, llevándome con él al lugar del que nadie sale sin congelarse...