Siento la necesidad de escribirte algo bonito. De decirte cosas que me salen del alma, que pienso y quiero. Pero sólo encuentro palabras tristes, sólo marchitadas expresiones de una compañía no conseguida, de unos ojos que no he podido admirar de cerca, que no han querido hablarme sin decirme nada.
Quería decirte muchas cosas bonitas, para que veas que eres importante, para mi mundo eres casi imprescindible. Quería resaltar tu mirada, esa que el otro día me decía cosas que tu cabeza y tu boca me negaban, esa que me llamaba, esa que investigaba sobre mi alma, tu mirada oscura y perfecta, alrededor de la que surgía tu rostro, tus mejillas arrugadas al reír, tu nariz a la que llegaba mi olor, tu boca que mi boca no pudo alcanzar. Labios de aspecto suaves, labios de, seguro, sabor dulce, por la que salía tu voz, por la que me contabas cosas. Orejas perfectamente colocadas, de fino oído y especial interés para mis besos, junto con tu cuello, junto con tus brazos, tus manos, tus pechos... todo, todo de especial interés para mis besos, caricias y miradas. Quería haber susurrado de ellos en tu espalda, quería haber rodeado tu cuerpo con mis brazos, quería apretar para abrazarte, y que apretaras para abrazarme, quería sentir latir dentro de ti mis palabras. Quería, quería que ese efímero momento fuese eterno, que no te separaras nunca, que tu alma se quedara jugando con la mía durante mucho tiempo, que se durmieran juntas y se despertaran revolicadas. Quería muchas cosas, no quería nada, sólo me bastaba con tu sonrisa y tu compañía, que quisieras acompañarme, que quisieras ser una conmigo. Quería...