Necesito olvidar esos preciosos ojos oscuros tuyos. Necesito no pensar en ellos. No quiero tenerlos en mi mente y en mis sueños, porque no puedo tenerlos en mis vistas y mis vigilias. No, no quiero recordarlos como los mejores ojos oscuros que mi triste ser ha contemplado, como la mirada que más energía me ha aportado, como la mejor compañía que podría haber tenido. No, no quiero que sigan en mí. No, no quiero. Sólo quiero que abandonen mis pensamientos, que dejen de estar aquí, que desaparezcan de mí.
No quiero acordarme de ti. No quiero pensar en que podrías haberme hecho feliz, y sin embargo sólo has jugado conmigo. No, no quiero. No quiero que juegues, ni que te enfades ni te pongas celosa, no quiero que estés borde por tonterías, no quiero que cojas mi corazón y lo estrujes hasta asfixiarlo. Eso es lo que estás haciendo. Por la mañana me quieres en tu cama, por la noche en tu mazmorra. ¿Es eso justo? No. Y aunque no lo creas, no miento. No es justo que me uses a tu parecer, cuando vuelves borracha a casa, o pasada de ni quiero saber qué, que seas una persona estupenda, y cuando despiertas eres una malvada bruja rompealmas. Que no quiero, coño. Que ya estoy harto de que juegues conmigo así. Déjame en paz, o hazme tuyo para siempre sin contemplaciones. Pero ni juegos ni medias tintas. Joder, ya está bien de tus tonterías. Lárgate y déjame en paz de una vez. No te quiero en mi vida. O quiero que seas mi vida. Pero nada entre medio, ni cuando tú quieras solamente. Déjame, o hazme tuyo. Pero no juegues, ni me trates así, porque sólo conseguirás que la tristeza no me abandone y el pesambre se quede conmigo. Y de eso ya tengo bastante, gracias.