Incertidumbre. Esa puta palabra que rodea cada acto de mi día a día, cada mirada tuya. Muchas letras para un sólo acto, decir la verdad, que es algo que no llega. Tus ojos me cuentan una cosa, tus labios otra, tu piel otra, y tus actos, lo contrario. ¿Qué ocurre? Dime la verdad de una vez, por favor, estoy harto de esperar tus besos, tus caricias y tus miradas, llegan pero no llegan, vienen pero nunca están aquí, las quieres pero no las quieres. Esto no es forma de estar, esto no es forma de sentir. Puta incertidumbre, deja de existir de una vez, y ven tú, certeza. Certeza de que quieres abrazarme y besarme, de que tus ojos sólo me miran y me iluminan a mí, de que tus labios desean decir mi nombre y probar mi sabor, de que tu cuerpo y tu alma quieren fundirse en una unidad con los míos. Pero leches, la incertidumbre es la peor de las torturas, la que estruja el corazón y congela el alma, la que patalea el cerebro y arranca los ojos. Deja de jugar, deja de decir/no decir, deja de actuar/no actuar, y ven a mis brazos de una vez. Te están esperando, quieren que llegues, para conseguir convencerte de que no debes salir de ellos porque merece la pena que los sientas. Pero leches, DILO CLARO de una vez por todas, que estás haciendo que muera lentamente. Si es que sí, que sea sí sin contemplaciones y hasta las últimas consecuencias, el último abrazo y el beso final. Y si es que no, pues que sea que no. Pero que sea algo, por favor.