De cerca te soñé, de lejos te vi. De cerca, de muy cerca, en mis sueños te rocé, y muy lejos estaba de ello cuando despertaba. Ay, que sueños aquellos, donde cerca te tenía, donde podía sentirte, donde podía saborearte, donde podía mirarte, donde podía evitar que te alejaras, donde podía...
Lástima despertar de tan bonitos sueños, ¿verdad? Lástima. Porque al abrir los ojos ni estabas cerca, ni se podía sentir, ni te podía saborear, ni mirarte, ni evitar que te alejaras. Y por mucho que deseara que me desearas, nada se cumplía, y no te acercabas, sino que cada vez más lejos estabas. Y por mucho que quería que me abrazaras, tus brazos a mí no se dirigían. Lástima, lástima despertar de tan bonitos sueños, lástima encontrarme con la realidad de tu pasividad, con la orden de tu indiferencia, con la frialdad de tu calor. Lástima, sin duda, que sólo en mis sueños quisieras tenerme cerca para hacerte feliz, lástima, sin duda, que sólo allí pudiera conseguir que me sonrieras, que me iluminaras, que me acompañaras. Lástima que al despertar todo fuese vacío y silencio. Lástima que estuviese tan equivocado...
Confundir sueño y vigilia parece cosa imposible, pero así ocurrió, así fue, de forma que en mi vigilia te tenía muy cerca, y en mis sueños, pesadillas más bien, no estabas. Salvación era abrir los ojos, porque te comenzaba a ver, porque a mi lado estabas, porque sí, porque mi realidad eras...