La piel de mi mano acercándose a tu hombro quiere verse, tocando tu piel mis dedos mientras lo rodea y se acerca al cuello, suavemente, para que me sientas, para que me disfrutes con los ojos cerrados de mi tacto. Siguiendo mi recorrido, en el último segundo tras sentir tu nuca, un requiebro hace que cambie de dirección, para deslizarse por el centro de tu espalda, notando cada punto de ti mientras desciende, hace un pequeño rodeo para llegar a tu cintura y tocar tus curvas, y mientras la otra mano va a su encuentro, quedando cada una a un lado de ti, y justo en ese momento, con suavidad, te acercan a mí, para que ahora la piel que te pueda sentir sea la de mis labios, para que mis ojos estén tan cerca de los tuyos que se fundan, para que tu nariz y la mía jugueteen conforme a tus labios se muevan con los míos.
Que momento más dulce, sentir tu sabor. Que momento más eterno, un segundo en tu boca.
Tu torso y el mío más juntos, nuestras manos fundiéndose con nuestras espaldas junto a los brazos y el mundo entero, tu pecho y el mío siendo uno, a compás nuestros latidos, nuestra piel, nuestra alma, nada fuera de ahí, nada que no sea notar nuestro calor en compañía.