Hoy he soñado con tu historia de amor. He soñado contigo. Que existías y me querías. En mi mente, de forma ficticia como un sueño más, has aparecido, me has mirado, me has abrazado y me has amado. Mi piel te ha sentido, falsamente, mientras me abrazabas y me acariciabas con tus bonitas manos. Mi labios, engañados, han saboreado los tuyos mientras me besabas, sin que en realidad estuvieras siquiera cerca. Mis ojos se han alimentado de los tuyos estando cerrados y solos, aunque viéndote.
Hoy he soñado contigo. Que me conocías y me amabas inmediatamente. Que mi atracción por ti era correspondida por una tuya hacia mí, que nuestros cuerpos pedían a gritos juntarse desde el primer momento, y lo conseguían en el segundo. En el tercero ya eran inseparables, y en el cuarto, eternos.
Hoy he soñado con tu historia de amor. Un cuento de final feliz, sin perdides pero con luz eterna. Nada efímero, nada falso, nada temporal. Acompañante de la historia más grande jamás contada, la nuestra. Caminantes juntos en el sendero de la inmortalidad, pasos coordinados, guitarras a dúo. Nada efímero, nada falso, nada temporal. Energía siempre visible, la que me dan tus labios al besarme, tus ojos al mirarme, tu piel al tocarme.
Hoy he soñado contigo. Que tu presencia en mi vida era por fin algo positivo, y no algo rancio de una historia que nunca se da. Que no se repetía otra vez la amarga historia de un final en soledad, de una batalla perdida y una andanza solitaria. Vamos, lo normal cuando no estoy soñando contigo. Cuando te veo en realidad, cuando no me ves ni por asomo, cuando de casualidad me sonríes pero no es para iluminar mi camino a ti, cuando no piensas en mí. Vamos, lo normal cuando no me abrazas en mi mundo perfecto. Tu mirada no quiere decirme nada, tus labios no quieren llamarme, tu piel no quiere sentirme. Vamos, lo normal cuando estoy en vigilia.
Hoy he soñado contigo. Como todos los días. Nada cambia, nada mejora, nada me hace vivir. Tus ojos siguen siendo tuyos, aunque los quiero para mí, tus labios siguen sin saborear los míos, aunque es lo que más deseo en vigilia, tu piel sigue sin fundirse con la mía, aunque sería muy bonito que ocurriera.
Hoy he soñado con tu historia de amor. Otra vez. Hoy he vuelto a escribirla, con la esperanza de que la leas y te des cuenta de que te quiero, de que me quieres, de que mi piel, mis labios y mis ojos son tuyos, que te están esperando despiertos y atentos a tu llegada, a tu luz, a tu guía, a tu compañía.