Expresiones de desahogo por doquier barren este lugar lleno de letras tristes y alegres, apenadas y contentas por estar aquí.
miércoles, 15 de julio de 2015
El otro día, en sueños, me preguntaron por ti. Era mi corazón, quería saber dónde estabas. Le respondí que no estabas con nosotros, que no te habías acercado. Con la ilusión de un niño y las ganas de un enamorado, me preguntó que por qué no venías. No supe que responder, la verdad, y dejé la conversación ahí. A la noche siguiente, me volvieron a preguntar por ti. No era mi corazón esta vez, sino mis labios. Preguntaban que por qué los tuyos no los besaban, que querían saborear tu dulce contacto. Tampoco supe que decir. Se fueron apenados. Otra noche, durmiendo, mis ojos creyeron ver los tuyos. Sonreías, tu luz deslumbraba, tu mirada, eclipsada por el gesto de la risa, oh, dulce risa la tuya, preciosa cara la que te hace, se dirigía hacia mí. Pero fue una falsa sensación de felicidad, puesto que seguía siendo un sueño. Varias noches después, mi cerebro se puso a soñar sin contar conmigo, me engañó, me hizo creer que te acercabas a mí, que tu suave piel, que tu aterciopelado tacto de oscura tez y juventud eterna, quería tocar la mía, que me abrazabas y te unías a mí. Mintió a mis labios, al hacerles notar los tuyos mientras los besabas, menuda envidia la del resto de los labios del mundo, besabas los míos, no los otros, sólo los míos, el mejor sabor del mundo venía de ti. Falseó la realidad de mi corazón, al pensar que el tuyo se nos quería unir, acercándote todo lo posible, casi siendo uno. Y ay, mis ojos, pobres de ellos, que pensaban que veían los tuyos directos, esos preciosos ojos oscuros que se eclipsan cuando te ríes, ese espejo del alma que quería juntarse con la mía y no soltarse, que parecían mirarme para iluminar la tiniebla más fría y lejana del mundo, que podrían guiar cualquier nave en la oscuridad del Universo, pero que sólo me miraban a mí, sólo a mí, queriendo no separarse de mis ojos. Extraño sueño el mío, donde tu hermoso rostro, suave, dulce, digno competidor de cualquier museo del mundo, se quedaba junto a mí. Extraño sueño fue, sin duda, aquel en el que te podía decir que te quiero, aquel en el que me querías...