¿Qué quiero? Pues evidentemente a ti. Parece mentira que no lo sepas... Quiero que me mires y sonrías, quiero que te acerques y me beses, quiero que me llames y mi estómago responda con una sensación de falta de ti que me impida sentir otra cosa que no sean tus llamadas, tus sonrisas, tus besos y tus caricias. Quiero que tu compañía sea eterna, quiero que mi compañía te sea eterna, quiero que no nos separemos, que permanezcamos juntos en el camino, a pesar de baches, charcos, subidas y bajadas...
Quiero sentirme vivo gracias a ti, quiero que mi mayor preocupación en esta vida sea con qué te voy a sorprender hoy, quiero ser feliz, quiero vivir. Quiero sentir que estás junto a mí, quiero estar contigo, quiero hacerte feliz y que no desees otra cosa más que mi compañía.
Quiero tantas cosas... pero la realidad es bien distinta. No sólo no te tengo, sino que ni siquiera sé si existes, y en caso de ser así, dónde estás y cuándo te encontraré. Mis preocupaciones son muchas más que tu sorpresa, a no ser que la quieras mala, y eso no es que me haga vivir precisamente... más bien vagar. Errar por el mundo de tinieblas al que parezco condenado, intentando salir pero sin éxito, sin luz, sin calor, sin guía... a esto parezco eternamente destinado... Y por más que intento salir de esta cueva, más lejos está la salida. No dejo de buscarla, no obstante, y ya ni siquiera me planteo estar junto a ti, más bien prefiero no hacerlo, porque no quiero sufrir más. Mi corazón sigue estando destrozado, por ahora no he conseguido recomponer las piezas necesarias para hacerlo funcionar, es un maldito puzzle incompleto con piezas rotas, machacadas, quemadas y heladas.
No sé si estás ahí o no, si lees esto o no, si existes o no. Sólo sé que no puedo buscarte, que cuando lo intento me caigo a un foso lleno de espinas y piedras punzantes, y me cuesta mucho salir de él. Sólo sé que si te sigo buscando me caeré a otros fosos más.
¿Qué siento de verdad? Hay muchos problemas peores que tu ausencia, y más graves que perder el tiempo buscándote. Si me empeño en hallarte probablemente los otros problemas me coman, si es que no lo han hecho ya, y he de centrarme en ellos, porque son los que no me dejan vivir. A fin de cuentas tú sigues siendo una utopía.