martes, 22 de julio de 2008

Calma eterna, tinieblas que me acompañan en la vida. Soledad inestimable e imprescindible, vida de sufrimiento la que me ha tocado vivir... Infelicidad por los cuatro costados, desgracia en el corazón y en el alma, helado y errante cada uno de ellos... Pena incrustada en cada poro de mi piel, lástima en cada uno de mis pensamientos sobre aquellos que me impiden vivir, que me hacen daño o, simplemente, no hacen nada. ¿Y todo para qué? ¿Por qué? Sólo quiero ser feliz, sólo quiero poder sonreír, sólo quiero amar, poder querer a alguien, que me quiera, sólo quiero poder abrazar y ser abrazado, poder acariciar la piel de quien me ama, poder besar sus mejillas o su frente, poder mirarle a los ojos y ver amor, y que lo vea, siempre, para siempre.

Sin embargo sólo tengo tinieblas, niebla eterna en mi interior, porque no encuentro nada de lo que deseo... más bien sólo encuentro lo que no deseo, y que se ha convertido en mi alimento diario. Y todo para nada, porque sigo vivo sin vivir, miro sin ver, y hablo sin decir nada.

Demasiado daño me han hecho ya, nunca mi amor ha sido correspondido, y eso es una carga que he de llevar... espero que por poco tiempo. Espero que al menos una vez en la vida pueda mirar a alguien a la cara y que nuestras almas se junten, para siempre. Se habrá ido la niebla, se habrán ido las tinieblas y, quien sabe, a lo mejor hasta puedo ser feliz, si es que es eso posible.