Una vez más, he sido engañado. Por fin se ha destapado.
Una vez más, mi confianza hundida, mis sentimientos desechados, y mi cariño rechazado.
Una vez más, mi corazón se vuelve a helar, mi alma se pierde, mi vida se muere.
Una vez más, me siento mal, muy mal. Intento que no me pase, pero parece ser que es mi destino.
Una vez más, gracias. Pero esta vez a dos personas. A una por mentirme nuevamente, y a la otra por no quererme a su lado.
Una vez más, a esa una, no me preocupa, ya era algo que tenía asumido y que la vida me ha enseñado que es mejor así. Lo que me duele es la mentira y el engaño sufrido, creo que no me lo merezco, que con todo el bien que intento hacer, no me merezco este trato. Pero es lo que hay, a fin de cuentas, ya no me preocupa. Lo que más me hiere es lo de la otra persona. Una persona en la que confié, que pensé que podría ser la definitiva, que me gustaría que lo fuese, y que directamente no quiere nada de mí. No quiere mis besos, no quiere mis abrazos, no quiere mis caricias... y por supuesto no me da las suyas. ¿Para qué estamos en este mundo, si no es para darnos cariño los unos a los otros? A fin de cuentas, es lo único que salva a este mundo de las tinieblas. Es lo único que puede demostrar amor hacia alguien. Por muchas otras cosas que se hagan, que en este caso han sido muchas, ha sido un esfuerzo enorme por mi parte durante todo este tiempo... y no he recibido nada a cambio, excepto un beso y un abrazo fugaces un día de cine ya lejano en el tiempo. Es cierto que la situación es difícil, que esa persona no lo está pasando bien. Yo intento que sea así, hacerla feliz, darle cariño, y a cambio me llevo estufidos, malas caras, y quejas. Y, sinceramente, para mí eso no es amor.
Una vez más, los sentimientos me dicen que he hecho el gilipollas, que estoy más guapo con el corazón helado o que, al menos, no sufro. Y la verdad, estoy empezando a pensar en que es lo que tengo que hacer. Es una lástima, creo que podría hacer feliz a una persona que lo quisiera, pero para eso se tiene que dejar, no sólo cuando ella quiere (que, por cierto, hasta la fecha creo que no ha sido así), sino siempre.
Una vez más, las tinieblas vencieron en mi corazón.
Una vez más, perdí el significado del amor.
Una vez más, deseo no volver a encontrarlo nunca.