Todo es oscuridad, frío y hielo. Todo lo que se ve, lo poco que se ve, recuerda a una escena tétrica, plantas muertas alrededor, piedras heladas por doquier y nada de vida a la vista. Todo parece indicar que la vida se acabó, que la lucha finalizó, que aquello por lo que dimos la vida, dejó de valer la pena. Nuestro esfuerzo, nuestro sudor, nuestras lágrimas, nuestra sangre y nuestras vidas, perdidas inútilmente. Tanta energía gastada tontamente, tantas horas perdidas, tanto odio engendrado erróneamente, tanto... Tanto amor desaparecido.
Soy un corazón helado y un alma errante. Soy aquello que nadie quiere, yo represento la parte más oscura del amor, la parte del rechazo.
¿Por qué amar? ¿Por qué sonreír? ¿Por qué mostrar los sentimientos? ¿Por qué confiar en los demás? ¿Por qué besar, abrazar, amar? ¿Qué es lo que nos lleva a las personas a sentir todo esto hacia otra persona? ¿Qué es lo que nos invita a olvidar toda lógica en favor de unos sentimientos que ya sabemos que no son razonables? ¿Qué nos lleva a sentir un encogimiento del estómago cuando una persona concreta se acerca, cuando nos mira, cuando nos abraza, cuando nos besa? ¿Qué razones tiene el corazón para sentir? ¿Qué razones nos da para olvidarnos de todo lo razonable y nos invita a lanzarnos al vacío que supone el amor? ¿Qué razones, por qué continuar amando cuando nos han matado en vida, cuando nos han rechazado, cuando han apagado cualquier rastro de amor en nuestras palabras, nuestras miradas, nuestros gestos?
Ninguna.
El amor es así, no sólo se niega a cualquier tipo de raciocinio, sino que además va en contra de toda lógica. Cualquier explicación al respecto es inútil. No hay nada que haga comprender a los demás por qué hacemos lo que hacemos, por qué amamos, por qué queremos besar sólo a Esa persona, o por qué no miramos a nadie más.
¿Pero es recomendable sentir todo eso? ¿Es de verdad coherente enamorarse? Buenas preguntas, malas respuestas. No nos ponemos de acuerdo al respecto, nadie coincide en la respuesta concreta. Imposible, absolutamente. Y sin embargo, a final de cuentas, todos hacemos lo mismo.
Comenzamos por sentirnos heridos. Siempre empieza así la historia. Luego, con cualquier excusa, buscamos a una persona que nos llene, pero no aparece. Luego, cuando pensamos lo contrario, conocemos casualmente a un hombre o una mujer que al principio nos cae bien, pero nada más. Comenzamos a hablar, a reír, a compartir chistes, a intercambiar largos discursos... y luego vienen las reuniones para tomar café. Poco a poco nos vamos acercando, vamos compartiendo más cosas, hasta que llega un momento en el que las miradas se cruzan y los corazones comienzan a latir fuertemente, al compás. Ese es el momento, ya ha surgido. Pero ninguno de los dos dice nada. Seguimos amando en silencio, esperando a que la otra persona dé el paso, pero vemos que no se atreve, y comienza el sufrimiento. Por miedo a un fracaso, a un rechazo, no decimos nada, nuestra mente se nubla, y sólo pensamos en esa persona, y en lo feliz que serían nuestras vidas con ella. Pero cada día se ve más lejos esa vida... hasta que de repente, surge el tema entre los dos. Se comienza a hablar al principio en tercera persona, hasta que la una se entera de que la otra siente amor. Ese es el momento de la perdición. La lógica nos abandona, el calor nos aprieta, y sentimos la necesidad de besar, de abrazar, de amar. Todo comienza a ser de color de rosa, la vida parece bonita, y los problemas desaparecen...
La próxima semana, segunda parte.